Alemania se atrasa en la Cuarta Revolución IndustrialEconomía 

Alemania se atrasa en la Cuarta Revolución Industrial

Alemania es la cuarta economía del mundo (US$3.8 billones), con un superávit de cuenta corriente de US$293.000 millones en 2018, el mayor en términos absolutos, por encima de EE.UU. y China. Es obra de su extraordinaria potencia exportadora, ya que es hoy la segunda vendedora de manufacturas después de China; y la primera de bienes de equipo y capital high tech.

No obstante estos logros excepcionales, hay un retraso evidente en las inversiones en “capital intangible” (conocimiento, “propiedad intelectual”, etcétera); y mientras la inversión en “capital intangible” en EE.UU. es casi 70% del total, no llega a 50% en la RFA.

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Esto es un indicador crucial de retraso en la nueva fase del capitalismo; y adquiere todo su significado cuando se advierte que este es un punto de inflexión en su historia, una divisoria de aguas.

La manufactura en el PBI alemán es 33% del total (menos de 10% en EE.UU.). La RFA es el único país avanzado que no experimentó desindustrialización en los últimos 20 años, sino, al contrario, hiperindustrialización; y ahora acentúa este carácter.

Alemania invierte hoy 3% del PBI en I&D (investigación y desarrollo), y 66% corresponde a la empresa privada; y aspira a trepar a 3,5% en 2025 (+2,5% en el sector privado). Las empresas deben aumentar en 13.000 millones de euros anuales el gasto en I&D orientado al “capital intangible”, que sería 35.000 millones de euros por año, si se le suma el capital “fijo” o “hundido”.

Esta demora ocurre en la fase inicial de la nueva revolución industrial, donde lo decisivo no es el capital ni el trabajo, sino el conocimiento. La RFA, la primera economía manufacturera del mundo, está por detrás de las exigencias del momento histórico.

La cultura política y económica alemana tras el surgimiento de la RFA en 1949 se funda en la idea de lo paulatino e incremental como camino de búsqueda de la perfección, claramente vinculada al ethos de la República Federal.

Es admirable las veces y actividades en que Alemania ha logrado este objetivo característico. Pero este es un momento intensamente disruptivo en el capitalismo, que requiere un salto cualitativo político y económico.

Este rasgo de la época tiene una exigencia más drástica en Alemania: la fuerza de trabajo pierde 350.000 operarios por año debido al envejecimiento de la población; y faltarían 1.8 millones de trabajadores en 2020 (3.9 millones en 2050).

El resultado es que la capacidad potencial de largo plazo disminuye 1,2% anual, y su expansión sería 0,5% por año en 2025 (hoy es 1,3% anual), el nivel de Japón. El 27% de la población tiene hoy más de 60 años, y treparía a 39% en 2050.

La franja de los menores de 15 años sería en ese momento 13% del total, el nivel más bajo del mundo; y 55% de la población estaría jubilada o pensionada para entonces. La población alemana asciende hoy a 84 millones de habitantes y descendería a 72 millones en 2050.

La diferencia esencial respecto a EE.UU. es que Donald Trump es un factor intensamente disruptivo en la historia norteamericana; y la economía estadounidense ha recibido US$12 billones de inversiones entre 2017 y los primeros 6 meses de 2019; y destina casi 70% de ellas al “capital intangible”.

El caso de Standard & Poor´s 500 (S&P500) — indicador estrella de Wall Street — es revelador: creció más de 20 puntos en los últimos 6 meses y pasó la barrera de los 3.000 puntos básicos, récord histórico; y más de 90% de las inversiones que reciben sus activos son en “capital intangible” (patentes, marcas, “propiedad intelectual”).

La economía norteamericana (US$21.9 billones/25% del PBI global) se puede dividir en dos grandes sectores (a efectos analíticos, no orgánicos). Más de 60% es “economía digital”, encabezada por la high tech y las cinco plataformas globales por Internet (Amazon, Apple, Microsoft, etc.). Está plenamente volcada a la segunda fase de la nueva revolución industrial, centrada en el “capital humano”, y no en el hardware (tecnología).

En el 40% restante (industria tradicional, pequeñas y medianas empresas, servicios), los costos de producción han caído 1,8% en el último año y disminuyeron 2,2% en 2017. Es la combinación de mayores inversiones, drástica desregulación, y desplome del precio de la energía (revolución del shale). Los costos de producción de EE.UU. son hoy los menores del G-7.

“No hay nada particular en el capitalismo, fuera de lo general”, advirtió Marx; y esto es especialmente verdadero al desatarse la nueva revolución industrial, centrada en el conocimiento.

El retraso de Alemania en “capital intangible” es la raíz estructural de la creciente irrelevancia de Europa en el contexto global. “Hay una oscura armonía en las cosas”, dice De Gaulle; y hoy la RFA experimenta una profunda parálisis política y un rechazo a asumir responsabilidades geopolíticas mundiales.

El liderazgo — el carisma — prácticamente ha desaparecido, la esencia del fenómeno político. “La historia del siglo XX es la lucha del carisma contra la burocracia”, señala Max Weber, el gran pensador político alemán.

En Alemania hoy impera la burocracia, siempre allí extraordinariamente eficaz, y siempre también solo incremental y paulatina, jamás disruptiva.

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