El fútbol en el ciclo Moyano en Independiente: cinco técnicos, dos títulos y poca punteríaDeportes 

El fútbol en el ciclo Moyano en Independiente: cinco técnicos, dos títulos y poca puntería


Holan, Pellegrino, Almirón, Milito y Beccacece, el quinteto de los Moyano para el Rojo Fuente: Archivo

“Ya pasaron las elecciones. Ahora tenemos que ser hermanos dispuestos a luchar. La situación no es fácil, pero no es imposible que Independiente se levante y vuelva a ser uno de los equipos más grandes del mundo. Fuimos el orgullo nacional, el orgullo del fútbol argentino, y tenemos que volver a serlo”.
Hugo Moyano ganó con casi el 70 por ciento de los votos el 6 de julio de 2014. Es, desde esa tarde, el presidente de
Independiente, por una abrumada mayoría que fue respaldada en diciembre de 2017, por casi el 89% de simpatía. El viejo
Rey de Copas ya había recuperado el alivio de sentirse de primera, un puñado de semanas antes, con Omar de Felippe como entrenador, un pragmático que le devolvió el alma al cuerpo.

Sebastián Beccacece dejó de ser el entrenador de Independiente. Fernando Berón se hará cargo del equipo de manera interina y dirigirá su primera práctica mañana a las 9 en Domínico.
pic.twitter.com/FAhZsBY9KH&- C. A. Independiente (@Independiente)
26 de octubre de 2019

La nueva conducción tenía otras ideas.
Recuperar la esencia, la mística, con entrenadores que se acercaran a su antigua clase, el juego bonito, las vueltas olímpicas. El orgullo. Sin embargo, el ciclo del veterano dirigente sindical, que el 9 de enero próximo cumplirá 76 años, es una continuidad futbolera matizada de tropiezos.
Pablo Moyano, su hijo y vicepresidente, es uno de los principales alumnos de esta suerte de escuela en la que se reúnen tres conceptos: sentimiento, identidad y vueltas olímpicas… y en casi todas ellas, la deuda es enorme. Casi seis años, cinco técnicos, dos títulos y poca puntería, no solo frente al arco rival.

Sebastián Beccacece fue el último: duró un suspiro. Provocó una pequeña revolución en Defensa y Justicia y fue parte del fiasco -en el campo de juego y, sobre todo, en las entrañas- del seleccionado en el Mundial de Rusia. Asumió el 7 de junio y apenas dirigió 16 partidos, con un resultado de ocho victorias, un empate y siete derrotas. “No me reprocho nada. Este grupo de trabajo dejó todo, para mí es lo importante. No logramos lo que la gente quería, y eso seguramente deja una sensación de vacío”, fue una de sus reflexiones. “Es la situación que nos toca y hay que enfrentarla con grandeza y dolor. En el fútbol y en la vida, perdí más de lo que gané. Se aprende mucho más en la derrota”, asumió, en un breve tiempo en el que pasó de todo: rápida intolerancia del público, rencillas con Pablo Pérez y Nicolás Domingo, largas caminatas al borde del campo de juego, malas decisiones estratégicas y un puñado de controvertidos fallos arbitrales que oficiaron de escudo.

La primera idea de los Moyano fue ambiciosa: Jorge Almirón, en julio de 2014, antes del suceso de Lanús y, claro, mucho antes del chasco en San Lorenzo. Respaldado en el sentimiento y en la filosofía -el salir jugando por abajo, por ejemplo, fue todo un desafío en un medio que lo rechazaba-, acabó con una polémica con Daniel Montenegro y sin resultados. “Renuncié por los jugadores, ya que ellos están muy presionados y no están tranquilos por mi culpa. La gente ya no me quiere por más que gane el equipo. Y sabía que, si no me iba, los iban a putear a todos. La gente va a decir por fin se fue este negro de mierda”, llegó a declarar. Los números: 14 triunfos, 11 empates y 10 derrotas.

Mauricio Pellegrino fue un caso curioso, en junio de 2015: el único que no representó el estilo histórico del gigante de Avellaneda y que -según se sabe- es uno de los candidatos de hoy, al igual que Daniel Garnero, aquel clásico número 10. El primero, se fue recientemente de Leganés, el segundo, es el DT de Olimpia. El exdefensor tuvo un paso digno, serio, pero nunca entró en el calor de los hinchas, que le dieron la espalda al ciclo por el estilo, basado en la disciplina táctica. “Yo ya expresé mis deseos de seguir en Independiente porque estoy convencido de que vamos por el buen camino y que hay madera como para hacer un equipo ganador”, aseguró, un puñado de horas antes de que no se le renovara el contrato. Los números: 19 triunfos, 9 empates y 6 derrotas.

En realidad, estaba todo sellado con Gabriel Milito, un hijo pródigo del club, que había tenido una experiencia con vaivenes durante 2015 en Estudiantes, club en donde está hoy, en su segundo ciclo. Sin embargo, el paso por Gaby como entrenador de Independiente fue el más decepcionante de un DT desde que asumió Moyano. Por el sentimiento, por la ideología, por la cercanía con Pep Guardiola… duró apenas 7 meses.

Asumió a fines de mayo de 2016 y no llegó a fin de año. El 3-0 de Racing, ocurrido el 27 de noviembre, con un doblete de Licha López y Bou, fue el principio del final. “No fui capaz de conseguir lo que pretendía. Quiero agradecer el cariño y pedir disculpas a aquellos que tenían ilusión con mi llegada; di lo mejor de mí”, suscribió. Los números: 8 triunfos, 6 empates y 5 derrotas.

Ariel Holan fue una excepción… a medias. Por el tiempo (dos años y cinco meses), porque consiguió dos títulos (Copa Sudamericana 2017, Copa Suruga Bank 2018) y porque el juego, durante la primera etapa, fue audaz, atractivo. Con el tiempo, cayó en la trampa de las peleas -con los líderes, con sus ayudantes- y el ciclo se mantuvo en la intrascendencia. Los números: 49 triunfos, 32 empates y 23 derrotas. “Cometí varios errores, como pensar en la economía del club”, contó, días atrás. Lejos de una sincera autocrítica.

Jorge Almirón (10 meses)

Respaldado en el sentimiento, impuso su sello solo de a ratos.

Mauricio Pellegrino (11 meses)

Tacticista, tuvo un digno paso, pero apartado del paladar rojo.

Sebastián Beccacece (4 meses)

Fue una decepción, luego del suceso en Defensa y Justicia.

Gabriel Milito (7 meses)

Suerte de hijo pródigo, resultó errático y confuso su proceso.

Ariel Holan (2 años y 5 meses)

Arrancó con todo, logró 2 títulos y se desgastó entre polémicas.

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