Racing, se repitió, chocó de frente y terminó 0 a 0 con BanfieldDeportes 

Racing, se repitió, chocó de frente y terminó 0 a 0 con Banfield

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Racing Club

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    Banfield

      Chocó de frente
      Racing. Una y otra vez. Con tanta tozudez como carencia de ideas e inventiva. Fue un 0-0 que frenó la recuperación que venía mostrando en los resultados, con la obtención de 16 de los anteriores 18 puntos, hasta que se topó con este
      Banfield que le puso todas las piedras imaginables en su camino a una nueva victoria, que quedó en deseo incumplido y en lamento porque no acortó distancias en su ascenso a la punta.

      Se desesperó Racing todo el partido por patear al arco. Hasta 22 remates se le contabilizaron, aunque solo siete con destino entre los palos. Esa búsqueda no estuvo precedida por una buena construcción del juego. La mayoría de los tiros respondieron al apuro, a la escasez de claridad, a la ansiedad de terminar el ataque sin antes explorar una mejor alternativa. Las ideas y la imaginación ocuparon un lugar secundario. Lo llamativo fue que ninguno de los dos delanteros, Licha López y Cristaldo, participaron de ese pelotón que apuntaba a Arboleda. Ambos jugaban mucho de espaldas, miraban pasar los remates, no había desmarques ni tampoco recibían pases filtrados.

      Racing llegada a tres cuartos de campo y ¡pum!, al arco. Con más ímpetu que criterio. Arboleda respondía acertadamente y en un tiro a rastrón cruzado lo salvó el poste. Cuando la Academia pudo hilvanar una acción asociada, con llegada al fondo y centro atrás, a Montoya le quedó el mejor escenario para rematar, con un derechazo que en el estadio se gritó como gol por el efecto visual que provocó el impacto de la pelota en uno de los parantes.

      Banfield salió a demostrar que su actualidad no es tan mala como lo indican la tabla de posiciones y sus últimos resultados. Y lo hizo con solvencia y orden, con el 4-4-2 que es marca registrada de Falcioni. Bien equilibrado, el Taladro también descubrió algunas debilidades de la defensa local, sobre todo por el lado de Soto, flojo en la marca y descuidado con la pelota. Con dos laterales (Luciano Gómez y Bravo) que se proyectaron con sentido de la oportunidad y decisión, Banfield intranquilizó a Racing con pelotazos aéreos cruzados. En cuanto la movían un poquito, la última línea local tambaleaba.

      Zaracho se fue diluyendo, el chileno Díaz no cruzaba la mitad de la cancha con su salida limpia y los delanteros no conectaban con nadie. A Racing le quedaba la zurda con pegada envolvente de Rojas, útil para los cambios de frente o los centros bombeados al área. A la Academia le costaba ser armónica y fluida. Banfield no se veía mayormente desbordado y no dejaba de animarse con algún contraataque. Hacía bien lo que Racing no podía: abrirse en ataque y luego apuntar al área. Con esa fórmula, Urzi pegó un tiro en un poste.

      Con el recurso predilecto del remate desde fuera del área, Rojas estuvo muy cerca de abrir el marcador. Necesitado de más profundidad, Chacho Coudet mandó a la cancha a dos delanteros (Reniero y Cvitanich), aunque no pareció acertado que saliera Rojas, el más activo en la distribución.

      Racing no traducía su alto porcentaje de posesión en acciones que le permitieran poner a un jugador en situación de definición ante Arboleda. Casi todo se reducía al remate desde 25 metros o más, por lo general sin la justeza ni potencia necesarias. Al menos empujaba a un Banfield que se arrinconaba cada vez más contra su área. La entrada de Jonás Gutiérrez por un delantero (Arias) también era una pauta del repliegue masivo. En esos ataques tumultuosos, Cvitanich se llevó unos fuertes pisotones y la marca de los tapones en el pecho. Para Abal todo fue producto del fragor, no hubo falta que mereciera penal.

      En los últimos 25 minutos, la incapacidad ofensiva de Banfield dio por cierto el dato que lo muestra como el equipo con menos goles a favor de la Superliga, con apenas seis en 11 fechas. El arco propio lo defendió con la vuelta del colombiano Arboleda, siempre bien ubicado y seguro, y también poco y nada apercibido por Abal en sus continuas demoras para reanudar el juego. Racing terminó con cuatro delanteros y ningún gol. Fue una búsqueda ciega, infructuosa, más dependiente del músculo que de la cabeza.

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