Marcos Galperin, CEO de MercadoLibre: “Capitalismo llevado al extremo es socialismo puro”Tecnología 

Marcos Galperin, CEO de MercadoLibre: “Capitalismo llevado al extremo es socialismo puro”

por Jorge Fontevecchia

Marcos Galperin. Frente a la exposicion ‘25 años de democracia’, en uno de los halls de entrada del Edificio Perfil. Foto: Cuarterolo

—¿Cómo es tu relación con la ansiedad?

—Soy una persona tranquila. Hay gente que me conoce y se sorprende de que no estoy todo el tiempo mirando el teléfono o nervioso. Las pocas veces que he tenido sensaciones de ansiedad o de angustia son mucho más relacionadas con temas personales y familiares que con temas laborales. Han sido muy pocas.

—La acción calma la ansiedad. Y vos tomás decisiones continuamente.

—Sí. Soy una persona totalmente orientada a tomar decisiones. Me gusta hacer cosas.

—Decisiones rápidas.

—Aprendí a tener paciencia. Una de las cosas que he aprendido en estos veinte años en Mercado Libre es que las cosas suceden más lentamente de lo que a mí me gustaría, pero al final suceden. Y cuando suceden terminan teniendo un impacto mucho más grande que el inicialmente proyectado. Aprendí la importancia del tiempo para desarrollar las cosas.

“BRASIl, que es más de la mitad de América Latina, va a ingresar en un período de crecimiento sostenido”.  (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿Haber visitado a Alberto Fernández inmediatamente después de su triunfo en las PASO fue algo precipitado?

—La historia de cómo sucedió te la contó Hugo Sigman en una entrevista como ésta. La verdad es que yo llamé a Hugo y me dijo: “Deberías conocer a Alberto y a Wado de Pedro” y dije: “Sí, encantado”. Al día siguiente estaba en la reunión. Nunca me imaginé que iba a suceder tan rápido. No me arrepiento de haber tenido esa reunión. Creo que fue productiva. Como dije en otros lugares, apoyé al espacio de Cambiemos, a Mauricio Macri en las PASO y también en las elecciones de primera vuelta, lo cual era sabido, y así y todo me recibieron, escucharon mi visión de Argentina, de lo que nosotros estamos haciendo, y yo también escuché cómo tenían pensado hacer las cosas en caso de que ganasen, cosa que sucedió. Fue un ejemplo de algo diferente a como suceden las cosas en la Argentina. A los empresarios no suele gustarles decir a quién apoyan o no. Suelen no hablarse de un lado y otro. Fue un lindo ejercicio de democracia civilizada. El proceso de transición actual también es bastante inédito. No me arrepiento. Lo que no me imaginaba era que iba a tener la visibilidad y la repercusión que tuvo. No me siento cómodo con el alto perfil.

No tomo riesgos porque sí. Me daría pánico tirarme con un paracaídas, por ejemplo.”

—¿Fue útil políticamente para Alberto Fernández?

—Me hubiera gustado que no fuera público. Cuando me di cuenta de que no iba a ser así, ya estaba en un barco que no tenía marcha atrás.

—El 18 de diciembre de 2017, cuando se estaba discutiendo en el Congreso la reforma previsional, tuiteaste lo siguiente: “Por primera vez en mi vida democrática el peronismo se encuentra con un partido con igual vocación de poder que ellos. Hoy es un día clave para la democracia argentina”. ¿Te arrepentís de haber apoyado tan ostensiblemente a Mauricio Macri?

—No sé si ese tuit es tan de apoyo a Macri. En ese momento se intentaba que el Congreso no sesionara. Lo que estaba tratando de apoyar era a la democracia. A mí me gusta la democracia. La democracia republicana y el sistema capitalista van de la mano, algo así como piezas que engranan. El capitalismo puede ser más o menos socialista, depende de cuántos impuestos quiera cobrar el Estado y cuánto quiera distribuir. Pero ambos, democracia y capitalismo, son sistemas que privilegian la libertad del individuo. En el largo plazo son los que funcionan mejor. Lo que en ese momento sentí es que se debería apoyar el funcionamiento del Congreso.

—Hay otro tuit tuyo que es más enfático, del 8 de agosto previo a las PASO: “Porque quiero q mis [email protected] vivan en una república democrática, con una Justicia independiente, con libertad de prensa y de opiniones, con libertades individuales y mirando hacia el futuro. Voto a Macri”.

—Ese sí está más claro.

—No es habitual que los empresarios expliquen sus preferencias políticas de manera tan abierta. ¿Cuánto influye en vos la cultura norteamericana, haber estudiado allí, donde el endorsement es algo habitual?

—Hice toda mi carrera universitaria y de posgrado en Estados Unidos. Es muy posible que tenga una influencia en mi forma de pensar. (N. de R.: a los 18 años hizo el Bachelor of Arts/Science en la Wharton School, de la University of Pennsylvania. Volvió a la Argentina y trabajó cuatro años en YPF, y volvió a Estados Unidos para hacer un posgrado de dos años en la Universidad de Stanford).

“Los empresarios no dicen dónde están políticamente, porque si estás de un lado no hablás con los otros.”

—¿Te arrepentís de haber manifestado ese apoyo?

—El juego democrático funciona si todos quieren jugarlo. Si uno quiere jugar al fútbol y el equipo de enfrente juega al rugby, es imposible el partido: unos creen que se puede agarrar la pelota con la mano y los otros no. También los espectadores del partido tienen que saber a qué se juega. Y dentro de los que existen hasta ahora, la democracia republicana es el peor sistema. Pero funciona.

—En algún reportaje dijiste: “En Argentina, si todos nos enfocamos en lo privado, los que se enfocan en lo público son los peores. Eso me hace pensar que en algún momento puedas tener un lugar en lo público”. ¿Te gustaría intervenir en la política?

—Estoy acostumbrado a hacer las cosas desde Mercado Libre. En veinte años hemos hecho muchísimas cosas. La política es muy compleja, muy difícil de hacer. No siento una atracción por la política. Pero cuando me preguntan si voy a participar en política contesto sí. Creo que para que los sistemas democráticos funcionen bien, está bueno que haya gente del mundo privado que participe en lo público y viceversa. Si tenés gente que está en la política que nunca estuvo en lo privado, y generan marcos regulatorios y leyes que después terminen impactando a todo el mundo privado, desde un lugar donde nunca estuvieron, no funciona la economía. Los sistemas más sanos son aquellos donde no hay una casta privada y una casta pública, sino que la gente puede estar en ambos espacios. Pero no siento una atracción particular por la política. Es algo que siento ahora que estoy cumpliendo mis 48 años.

—¿Te imaginás en Mercado Libre los próximos veinte años?

—No. Me gustaría hacer una transición. Uno de los desafíos que tengo como fundador y emprendedor es poder hacer ese proceso de manera exitosa. Es uno de los desafíos más difíciles.

Bancos: “El capitalismo no puede funcionar con el sistema de cuando ganás te la llevás y cuando perdés, vienen y te salvan”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—Quizás en un reportaje dentro de unos años te encuentre en lo público.

—Puede ser. Antes de empezar en Mercado Libre pensaba en enseñar. Mercado Libre surge de un período de introspección que tuve en Stanford. Me encontré con un espacio para pensar y allí nació.

—El Master of Business Administration que hiciste es para reflexionar, conocer gente que hizo cosas importantes, inspirarse.

—Exacto. A Stanford, por estar ubicada la universidad, en el corazón de Silicon Valley, todo el tiempo venía gente muy interesante a darnos charlas. Eso me inspiró muchísimo. No descarto un período de introspección después de transicionar en Mercado Libre. También sucede que es correcto lo que decís en el sentido de que no hay nada en lo privado que a mí me desafíe después de todo lo que venimos haciendo.

“El proceso de transición actual es un hecho inédito de la política argentina.”

—Alguna vez dijiste: “En Argentina se producen alimentos como para 400 millones de personas y no podemos alimentar a los 40 millones que somos. El tema es cómo se distribuye y, fundamentalmente, cómo se dan los incentivos correctos”. ¿Cuáles serían los incentivos incorrectos?

—Podemos discutir horas sobre qué hacer. Pero claramente, si producimos alimentos para 400 millones de personas en Argentina y hay en nuestro país un 35% de la gente que vive aproximadamente en la pobreza, dentro del cual también hay un porcentaje importante de indigencia, gente con hambre, no estamos haciendo las cosas bien. No se está distribuyendo ese alimento bien, no se están generando los incentivos para que le llegue. Hay pocos incentivos para que las empresas exporten y con el precio más alto que consiguen puedan usarlo en parte para vender de una forma subsidiada, o regalarlo. Quizás ese sea un rol del Estado también. La economía argentina está llena de distorsiones que generan estas cosas. No solo la argentina, también sucede en el mundo.

—¿Fuiste fiscal antes de las elecciones?

—Sí, tres veces. Siempre por Cambiemos.

—¿Qué hizo bien Macri?

—Te puedo decir qué no hizo: cambiar el sistema electoral. Tenés que pasar por la experiencia de ser fiscal para darte cuenta de que es un sistema casi imposible para votar y para fiscalizar. Es muy muy muy malo. No es bueno para la democracia.

—¿Fuiste con igual convicción en 2017 que en 2019?

—Sí. Mi convicción está en contribuir a tener un sistema democrático que funcione. La democracia no funciona si la mirás desde afuera. Tenés que participar. Si no, funciona mal y hay intereses creados para ello.

—¿Qué hicieron bien Cambiemos y Juntos por el Cambio?

—Bien, toda la parte institucional y de libertad de prensa, de Justicia independiente. Se nombraron algo así como trescientos jueces federales por primera vez en la historia argentina. Percibí mucha libertad y mucha gente que podía hacer lo que quisiera mientras no molestara a los demás. En ese sentido se vivió una democracia muy plena. El jefe de Gabinete fue todos los meses al Congreso a contestar las preguntas. Hubo mucha información pública en las redes. La Justicia percibió que podía operar y trabajar libremente. Vos lo sabés mejor que yo, pero me parece que pasó lo mismo con la prensa. El caso de Macri es bastante único en el mundo: salió de un partido vecinal y llegó a la Presidencia. Es como si Michael Bloomberg hubiera hecho lo mismo y llegara a ser presidente. La política siempre estuvo en manos de los partidos tradicionales.

—También lo hizo Silvio Berlusconi en Italia.

—Puede ser. Otro dato inédito en Argentina es que es el primer presidente no peronista que termina su mandato. Claramente, la parte de la economía no funcionó. Heredó una situación muy muy compleja y no la pudo arreglar. También cometieron sus propios errores. Con el diario del lunes es más fácil decir que tendrían que haber hecho esto o aquello. Mientras hacían las cosas, sentía que íbamos a encontrar el camino. Pero después hubo acontecimientos que nos llevaron adonde estamos: una situación económica casi tan apremiante como la que teníamos antes, si bien el déficit fiscal es mucho menor y la emisión económica está mucho más controlada.

—El doble de inflación, el desempleo que crece.

—Inflación más alta, pero las tarifas mucho más alineadas. Antes tenías la mitad de inflación, pero te ibas a quedar sin energía y sin luz. Tenías unas tarifas que no eran sostenibles.

—¿No había otra forma de solucionarlo?

—Si pudiera ir para atrás, saldría del cepo de forma diferente. Argentina es como un alcohólico, un adicto. Los únicos años que no tuvimos alta inflación fueron los de la convertibilidad, en los que no había un tipo de cambio flotante. Recién después de diez años de baja inflación, bajaron las expectativas inflacionarias. Lo mismo sucedió después de la devaluación, pero tres o cuatro años después, volvió a arrancar.

—¿El dólar libre no funciona con la cultura argentina?

—No sé si es tanto la cultura. Viví varios años en Uruguay, que no tiene una cultura tan distinta, que es sorprendentemente parecida a la nuestra y, sin embargo, no tienen nuestra inflación. La gente se acostumbra. En los 90 se acostumbró a la inflación baja y bajó sus expectativas. Me acuerdo que había un chicle que se vendió a 50 centavos durante años. Cuando las cosas empiezan a subir, es muy difícil erradicarlo. Tenemos una cultura inflacionaria. Después de ver lo que pasó, creo que en la Argentina primero hay que bajar la inflación y recién después bajar el tipo de cambio. No al revés, porque si no, quedás muy vulnerable a cualquier shock externo. Ahí es cuando el alcohólico vuelve a decir: “Dame dólares, quiero dólares, no confío en mi moneda”.

—Vos sos amigo de Federico Sturzenegger.

—Fuimos colegas en YPF. Teníamos una relación profesional, pero yo lo admiraba. Allá por 1995 intentábamos convencer a las agencias crediticias americanas de que Argentina tenía que ser calificada como apta. Queríamos un upgrade y ellos nos decían que no. Tuvieron razón, por cierto.

—¿Quién tenía razón: Sturzenegger o Alfonso Prat-Gay en la discusión que se dio en el Gobierno en 2016?

—No conozco bien esa interna. También conozco a Alfonso e igualmente tengo por él una admiración enorme. Son dos profesionales excelentes.

“LA GENTE NOS VE COMO EL PODEROSO, pero ante las compañías con que competimos somos pequeños.” (Foto: Pablo Cuarterolo)

—Se decía que uno abría el agua fría y el otro el agua caliente.

—Federico subió las tasas y Alfonso quería incentivar el crecimiento económico.

—¿El problema estuvo en la falta de coordinación?

—Realmente desconozco cómo se tomó la decisión de salir del cepo. Se salió tan increíblemente bien. La gente pensaba que explotaría por los aires y, sin embargo, no sucedió nada. Durante dos años pensamos que era lo correcto. Pero nos dejó muy vulnerables. En paralelo estaba el tema de tener que ajustar las tarifas, lo que generó mucha inflación, que incrementó la vulnerabilidad.

—¿Qué esperás que haga Alberto Fernández?

—Tiene que mantener las cosas buenas y cambiar las que no funcionaron. Quedó claro que cambiará lo del tipo de cambio flotante. Pero hay muchas cosas que suceden que son buenas, incluso en lo económico, como la disciplina fiscal. Hay que llegar a una disciplina monetaria en el mediano y largo plazo, algo fundamental si queremos erradicar la inflación crónica que tiene Argentina y que impacta en el crecimiento y en la pobreza.

—¿Qué error debería cuidarse de cometer?

—No me siento capacitado para darle consejos al presidente electo.

Reforma laboral: “El problema laboral en la Argentina no está en el salario de los trabajadores.”

—¿En economía?

—Hubo cosas que estuvieron muy bien en lo republicano, en lo democrático, en lo institucional. También en lo económico, aunque los resultados fueron francamente muy malos: aumentó la pobreza, subió la inflación. Estaría bueno que Argentina ingresara en un proceso en el que quien llega no rompe todo y arranca de cero. Hay que pensar que no se dieron los resultados esperados, pero íbamos bien encaminados, entonces debemos mantener algunas cosas. Hay que tener un poco de paciencia.

—Lo que debería hacer es ser realmente antigrieta.

—Hay cosas que se hicieron que están bien. Hay que construir sobre ellas. Y cambiar las que se hicieron mal. Detener eso de ir de un extremo a otro. No sirvió.

—La campaña institucional antigrieta de Mercado Libre, con voces de Florencia Peña y Luis Brandoni, titulada “Lo mejor está llegando”, no era solo para Argentina sino toda América Latina, y se planificó en otoño, cuando se suponía que Mauricio Macri sería reelecto

—Así es. Decidimos la campaña en marzo. Es importante destacar que está corriendo en este momento en Brasil, en México, en Colombia, en Chile.

—El eslogan fue interpretado como un apoyo a Alberto Fernández, pero si Macri hubiera ganado, se habría interpretado como un apoyo a él.

—Mucha gente lo asoció a aquello del segundo semestre: “Lo mejor está llegando, ya va a venir…”. Es muy gracioso cómo el mismo eslogan fue interpretado por distinta gente de distinta manera, en distintos momentos.

—Un mensaje de una gran empresa siempre va a tener una connotación política.

—No sé si necesariamente política. Con el comercial de las cajas nos metimos claramente en el proceso eleccionario. Pasó mucho en estas empresas de tecnología. Hace veinte años estábamos empezando literalmente en unas cocheras. El tiempo voló desde entonces y uno muchas veces no se da cuenta. Ahora somos grandecitos y nuestros actos no tienen las mismas consecuencias que antes. Este año Mercado Libre salió rankeada como la segunda marca más reconocida de Argentina. Cuando uno ve las marcas con las que estamos en el ranking, son las que hacen siempre los comerciales previos al Mundial. Brindan un mensaje en el que se intenta unir a los argentinos. A nosotros nos pareció un momento más apropiado para emitir otro tipo de mensaje.

—¿Mercado Libre es aún más grande en Brasil?

—El 65% de nuestros ingresos vienen de Brasil; 19% de Argentina; 12% de México. En los últimos tres años, México creció ocho veces. A este ritmo, en un año o dos México va a ser más importante que Argentina. El resto es Chile, Uruguay, Colombia…

—Mercado Libre en realidad es una empresa brasileña.

—En términos de ingresos, sí.

—De mercado también.

—Sin dudas, nuestro partido se juega ahí.

—¿Te preocupa un presidente como Jair Bolsonaro?

—Operamos en América Latina desde hace veinte años, desde Chile hasta Venezuela. Lo hicimos en todos lados, y muy bien. Al final del día, lo que hacemos realmente beneficia a la gente que típicamente ha estado excluida, algo que va desde Mercado Libre hasta Mercado Pago. Personas que estaban excluidas de comprar los productos a buenos precios porque vivían en el interior, o en el interior del interior, con el teléfono celular compran como si viviesen al lado de un centro comercial en Buenos Aires, San Pablo, Río o Ciudad de México. No tenés que vivir en las grandes ciudades para acceder a los productos y a los precios. Además, desde la perspectiva de los vendedores, antes había tres o cuatro cadenas en los países de América Latina que controlaban el comercio. Si vos tenías un producto y querías distribuirlo nacionalmente, solo llegaba a las grandes ciudades. Recién después del año 2000 se abrió el primer shopping argentino fuera de Buenos Aires, en Rosario. La distribución era muy desigual. Ahora hay una plataforma que lo permite.

“Mercado Libre surge de un período de introspección que tuve en Stanford.”

—¿Te preocupa cómo escala la pelea entre Jair Bolsonaro y Alberto Fernández?

—Veremos dónde termina. Son socios muy fuertes dentro del Mercosur, más allá de quiénes lo presidan. Además creo que ellos mismos encauzarán la relación. No tiene mucho sentido que se lleven mal. Los presidentes, además, tienen gabinetes y estructuras.

—¿Sería posible Mercado Libre sin el Mercosur?

—Nosotros operamos localmente. Lo nuestro es 99% dentro del país. A diferencia de otras plataformas similares, que hacen transacciones entre países.

—A partir de las PASO aumentó la cantidad de argentinos que van a Uruguay a pedir residencia. ¿Te imaginás nuevamente un éxodo de argentinos como en 2002?

—Hay mucho ruido. Pero no me imagino algo así.

—¿Vos pensás seguir viviendo en Argentina?

—Tuve muchas oportunidades de vivir en distintas partes del mundo. Pero siempre volví acá, mis hijos están muy felices acá, mi mujer está muy feliz acá. No pienso irme (N. de R.: entre 2002 y 2016 vivió en Uruguay y dirigió Mercado Libre yendo y viniendo).

—Se habla de un aumento del impuesto a los bienes personales, que podría superar, por ejemplo, el 3%. ¿Te haría cambiar el lugar de residencia tributaria?

—Veremos qué traen, pero como te decía, me gustaría seguir viviendo en Argentina. Soy de acá.

—¿Tenés residencia tributaria en la Argentina?

—Sí, desde 2016. Si bien el 81% de nuestro negocio pasa afuera de la Argentina, tenemos nuestra casa matriz acá, en una industria como la nuestra, supervolátil. Y no es porque los ingenieros argentinos son los mejores del mundo. Es cierto que nuestros profesionales son buenos, pero tanto como los de Brasil o los de Chile y Colombia. La cantidad de ingenieros, incluso, es escasa. Básicamente, estoy aquí porque soy argentino.

—El 100% de las operaciones de Mercado Libre son en Latinoamérica. ¿Te preocupa que vuelvan gobiernos de centroizquierda mientras los de centroderecha (Chile y Ecuador) están en crisis?

—En el plano económico, Brasil, que es más de la mitad de América Latina, va a ingresar en un período de crecimiento sostenido. Políticamente hay mucho ruido. Pero la reforma previsional que hicieron era muy necesaria. Antes hicieron la reforma laboral. Y van hacia la reforma tributaria. Ese crecimiento va ser muy positivo para Argentina. América Latina es un continente al que le costó encontrar un proceso democrático en el que los partidos, con distintas ideologías, puedan ir alternando en el poder y manteniendo políticas de Estado durante años, como hizo España. Hablábamos de Chile, que en las últimas semanas tuvo mucha violencia. Pero si uno realmente pisa un poco la pelota, toma una pausa y ve lo que pasó, se da cuenta de las diferencias, lo que cambió desde el 87 a 2019 es una cosa increíble. Hay mucha gente que quiere que toda esa riqueza que se generó se distribuya de otra manera.

—Dijiste: “El capitalismo está mal visto en Argentina porque nunca ha existido un capitalismo en serio, ni siquiera en los 90”. ¿Cómo sería un capitalismo en serio?

—El Estado tiene que garantizar que haya libre mercado. Uno asocia al capitalismo con que el privado hace lo que quiere y no es así para nada: el Estado cobra impuestos. El Estado es quien regula a los sectores de la economía.

—¿En Argentina no hay capitalismo por culpa del Estado?

—Totalmente. Tenemos una cultura en la que el capitalismo no está bien visto. Vivimos una realidad en la que unas pocas empresas se llevaron mucha renta sin tomar riesgos. La clave del capitalismo es que las empresas tomen riesgos y generen beneficios a la sociedad. Si no, no sirve.

—¿Y en Chile hubo capitalismo en serio?

—Mucha gente piensa que Chile es un país que estuvo bárbaro, al que le fue genial. A mí no. A algunos pocos les fue bien. Hubo una mejora general, pero tal vez esa mejora fue desproporcionadamente mejor para unos pocos. Los demás están pidiendo participar de esa mejora.

—La presión tributaria en Chile es del 25%, mientras que en los países más desarrollados es cercana al 50%. ¿Ese sistema impositivo impide la redistribución del ingreso?

—Es probable que tengan que cobrar más impuestos. La verdad es que no quiero decir cuál es la solución en Chile, pero Chile por ejemplo tiene un porcentaje de deuda sobre el PBI de alrededor del 6%. Hay mucha gente disconforme porque termina de estudiar con muchísima deuda. Chile podría decir: “Vamos a pagar, vamos a tomar deuda, vamos a pagarles a todas las personas y liberar a todos aquellos que se endeudaron para estudiar y ahora tienen deuda y sienten que solamente trabajan para pagar”. Se podría hacer mucho, porque el país está en una posición económica muy buena. Hay que encontrar caminos de forma civilizada.

—¿Habría que hacer una mezcla de Chile y Argentina?

—Chile, estando donde está, tiene herramientas para que la gente participe mucho más del crecimiento y la bonanza económica que se generaron.

—¿Brasil sería esa mezcla entre Chile y Argentina?

—Tanto Brasil como Argentina tienen mucha cultura del emprendimiento. El brasileño es emprendedor, toma riesgos, apuesta: se tiene confianza. La cultura chilena tiende a ser mucho más conservadora, más verticalista.

—Mercado Libre fue el primer unicornio argentino. ¿Se está creando un capitalismo distinto a partir de las empresas tecnológicas?

—Lo que hicieron muchas de estas empresas tecnológicas fue masificar productos gracias a la gran innovación que es la red de redes en internet. El capitalismo llevado al extremo es socialismo puro. La competencia hace que la ganancia desaparezca y todos terminan más o menos iguales. Es inaudita la cantidad de productos a los que accedemos hoy gracias a internet. Algo que unos 15 años atrás hubiera sido inimaginable.

“La democracia no funciona si la mirás desde afuera. Tenés que participar.”

—¿A qué atribuís que no pueda existir ese capitalismo de perfecto libre mercado?

—No ocurre siquiera en el mundo de empresas tecnológicas. Lo que sí ocurre es que se están produciendo productos sensacionales a precios muy bajos y que se masifican. Se le da acceso a muchísima gente a productos y servicios que antes no tenía. Hoy cualquier persona se puede educar desde un teléfono celular, tener acceso a un conocimiento ilimitado.

—¿Cómo se te ocurrió el nombre de Mercado Libre?

—Porque representa mucho lo que queríamos hacer: un lugar donde se pudiese comprar y vender de todo.

—Pero tiene una connotación ideológica fuerte.

—Estaba influenciado por mi mirada de la economía. Quise poner “Libre Mercado”, que también tiene una connotación ideológica fuerte, pero estaba tomado. Así apareció Mercado Libre.

—Mercado Libre es la única empresa iberoamericana entre las mayores 25 empresas del mundo, con una valuación de alrededor de 30 mil millones de dólares… ¿Qué porcentaje del total de las acciones de Mercado Libre son tuyas?

—Cuando vivía en Uruguay puse las acciones que tenía de Mercado Libre en un fideicomiso. Son cuatro millones de acciones, que representan menos de un 10%.

—¿Qué te genera ser el hombre más rico de la Argentina?

—No me genera nada positivo.

—Los empresarios más ricos del país son todos de otra generación. Te leo las edades: Paolo Rocca, 67; Alejandro Bulgheroni, 76; Roemmers, 91; Eduardo Eurnekian, 87. ¿Hay una visión diferente del capitalismo por ser de otra generación que la de ellos?

—No interactúo mucho con ellos. Estoy mucho más conectado con el mundo emprendedor. Ahí soy el más viejo. Hoy en día ya soy de los más viejos del mundo emprendedor. Tuve interacción con Paolo Rocca y me parece una persona con mucha vitalidad, y con una cabeza que funciona a alta velocidad.

—También Macri se sintió más cómodo con los emprendedores que con los empresarios tradicionales.

—Me parece que viene de lo que hablábamos antes: en el mundo emprendedor hay muchísima competencia, mucha innovación, mucho tomar riesgo. Macri debe haber intentado regenerar eso en Argentina.

—¿Qué tienen en común entre sí los unicornios?

—Nacen en un momento histórico único, el nacimiento de internet. A eso se suma la cultura innovadora de Argentina y Brasil, que nos da una ventaja competitiva respecto de otros países de América Latina. Muchos emprendedores salieron de Argentina y aprovecharon ese momento histórico vinculado al riesgo.

—¿Internet facilitó la internacionalización al vencer las distancias?

—Somos líderes en Colombia, en Chile, en todos los países de América Latina donde operamos. Ahora tengo relaciones con empresarios y demás en muchos lugares de América Latina, pero sigo siendo un desconocido. Originalmente no teníamos ventajas competitivas para ganarles a los hijos de los grandes empresarios brasileños y mexicanos y colombianos y chilenos.

—En otra actividad te hubiera sido mucho más difícil entrar en esos mercados.

—En ese sentido, internet fue mucho más meritocrático. También hay una cosa que quiero destacar, porque es importante y sirve como ejemplo: contamos con una Ley de Software desde 2004 y fue aprobada en la gestión de Néstor Kirchner, con Roberto Lavagna de ministro de Economía. Una ley que reduce el impuesto a las ganancias y las cargas laborales. Te baja el costo de tener empleados. No te da subsidios: si vos sos una empresa ineficiente, no tenés ningún beneficio. Solamente tenés beneficio si ganás dinero. Cristina Kirchner la renovó por cinco años. En 2019, Mauricio Macri no solamente la renovó sino que la amplió a todo lo que se llama el sector del conocimiento. Si en el sector del conocimiento se generase en los próximos 15 años lo mismo que sucedió en los últimos 15 en el sector del software, Argentina va a generar millones de empleo inclusivo. El 43% de nuestros empleados son mujeres. Empresas que no contaminan, que generan mucho valor, que pagan sueldos muy altos. Es muy bueno que mantengamos estas políticas de Estado que funcionan bien. Empresas que tal vez no se generaron por eso, pero sí crecieron muchísimo más. Tenemos el 19% de nuestros ingresos y más del 50% de nuestros empleados en Argentina. Sin dudas, esa ley tiene una influencia en esto. Lo mismo sucede con Globant y con muchas de estas otras empresas.

—Mercado Libre se fundó en 1999 con 7 millones de dólares en medio de la recesión de los países emergentes y salió a la Bolsa en Estados Unidos contemporáneamente a la crisis de las hipotecas.

—Nosotros siempre tuvimos mala suerte para estas cosas. El día que nosotros salimos a la Bolsa, fue la segunda vez en la historia desde el ataque a las Torres Gemelas en que el Banco Central Europeo y el japonés juntos tuvieron que intervenir para dar liquidez. Justo ese día salimos nosotros (se ríe).

“No me genera nada positivo tender a ser el hombre más rico de Argentina.”

—¿Los momentos turbulentos te motivan más?

—En nuestra historia sucedió que las grandes crisis nos ayudaron, porque nuestros competidores gastaron todos sus recursos en las buenas. Cuando venían las malas, no tenían nada. Nosotros, en las buenas estábamos enfocados en desarrollarnos, en nuestro producto. Cuando venía la mala y nadie tenía capital, teníamos toda la plata en el banco. Pudimos invertir y acelerar, digamos.

—En la crisis de 2002 recibiste una oferta de compra de cientos de millones de dólares, Mercado Libre tenía ingresos solo por cinco millones de dólares, pero decidiste no vender.

—Sí. Fue de las decisiones más irresponsables que tomamos.

—¿Cuál es tu relación con el riesgo?

—Indudablemente, me siento cómodo con el riesgo. Es indudable. Pero no tomo riesgos porque sí. Me daría pánico tirarme desde un paracaídas, por ejemplo. En ese momento estaba convencido de que teníamos la oportunidad de cambiarles la vida a millones de personas en América Latina. Si bien la oferta era extraordinaria, también significaba el fin de ese sueño de llevar a cabo nuestra visión. Pero éramos optimistas. Pensamos que íbamos a hacer más y más rápido de lo que hicimos. Luego hubo otras ofertas, también muy altas. Y éramos tan optimistas. De hecho pensamos que íbamos a poder hacer mucho más y mucho más rápido de lo que hicimos. Que fue más eso, creo, lo que nos llevó a decir que no, y después varias veces más sucedió lo mismo por números mucho más altos. Pero era una oferta ridículamente buena para los números que manejábamos.

—¿Qué significa para vos la palabra “emprendedor”?

—Hacer las cosas de una manera distinta, tener una visión contraria a la que tiene la mayoría de la gente. Podemos decidir, tomar riesgo.

—¿Implica ser rebelde?

—Rebelde en el buen sentido. Elegir el propio camino. Mientras todos van para un lado, elegir nuestro propio rumbo para llegar más rápido o llegar mejor. Digamos que hay que tomar riesgos, pero el riesgo educado.

—Propusiste una reforma laboral en Argentina, luego de la que hizo Michel Temer en Brasil. Me contaba Claudia Scherer-Effosse, la embajadora francesa, ayer, que se están empezando a ver en Francia aumentos del empleo luego de la reforma que hizo Emmanuel Macron.

—Argentina tiene unos seis millones de personas empleadas formalmente y 15 millones de personas pobres. Es una ecuación que no cierra por ningún lado. No hay impuestos que alcancen. La única forma de sacar al tercio de la población que vive ya crónicamente en la pobreza es generar empleos formales. Y el marco laboral que tiene Argentina no va a generar empleos formales. Nuestro marco laboral es para un mundo que cambió dramáticamente. Se generó cuando había otro tipo de empresas y de empresarios y había otro tipo de trabajos, que eran repetitivos y aburridos. Había que proteger al trabajador del abuso. Hoy, para bien o para mal, esos trabajos repetitivos y aburridos los hacen máquinas, robots. Los empleos que se están generando, que son muchos, requieren creatividad, adaptabilidad, capacidad de aprender nuevas tareas todo el tiempo. Necesitamos un marco laboral completamente distinto al que tenemos, mucho más moderno.

—Vos tuiteaste: “Viendo la reforma laboral brasileña, Argentina puede: 1) imitarla, 2) salirse del Mercosur, 3) resignarse y perder millones de empleos”.

—Sigo pensando lo mismo. Y en el mientras tanto Brasil generó millones de empleos sin que la economía haya crecido. No tienen una economía particularmente floreciente. No hablaría tanto de reforma. Me parece más bien que hay que cambiar el marco. Cuando se habla de reforma parece subsistir la idea de baja de salarios. Antes de iniciar este tipo de discusiones hay que decir que lo único que no va a suceder acá es bajar los ingresos de los trabajadores. Saquemos ese tema, ni los ingresos ni los derechos. Es vacaciones, aguinaldo. Saquemos ese tema de la mesa y enfoquémonos en el marco laboral. El problema laboral de Argentina no es el salario del trabajador, sino todo el marco.

—¿Los juicios laborales y las indemnizaciones?

—Todas esas complicaciones. Me convertí en un portavoz del tema, que a nosotros no nos afecta, porque en la industria del software no tenemos problemas sindicales.

“Estamos en una situación económica casi tan apremiante como la que teníamos antes.”

—¿El antagonismo de Grabois con Mercado Libre puede obedecer a que Mercado Libre creó muchos más cuentapropistas (500 mil) que empleados (10 mil)?

—De nuestros 10 mil empleados, más de 5 mil están en Argentina y hay 500 mil personas que viven de vender en Mercado Libre, de las cuales 120 mil aproximadamente están en Argentina. Respecto del antagonismo, la verdad es que se lo deberías preguntar a él. No lo conozco.

—¿Qué opinión tenés del tipo de trabajo que generan Uber, Glovo o Rappi?

—Generan mucho empleo pero me parece que hay que encontrar un marco que sea más razonable. Y que ofrezca más tranquilidad. Me consta, porque tengo diálogo con el CEO de Uber, que ellos también lo quieren. No estoy a favor de la precarización laboral. No me parece bien que el trabajador no tenga ningún derecho. Te invito a que veas las condiciones en que trabaja la gente en Mercado Libre, los beneficios que están por encima de la ley. Se los damos porque, si no, los perderíamos con otras empresas del mundo. En países que cobran impuestos como los de Argentina, parte de esos ingresos que tiene el Estado se usan para darle a la gente que se queda sin empleo.

—Un fondo de desempleo.

—En Europa, cuando te quedás sin trabajo, el Estado te da, dependiendo el país, hasta dos años de sueldos. En Estados Unidos te da seis meses. Hoy en día las empresas pagan impuestos como si estuviesen en Europa y Estados Unidos pero después pagan indemnizaciones que no existen en Europa ni en Estados Unidos.

—¿Los argentinos son mejores en tecnología?

—Eso es un mito o tal vez fue realidad en un momento. Cuanto antes como argentinos nos saquemos esa idea de la cabeza, mejor. No estamos condenados al éxito ni somos mejores. Vamos a tener que trabajar mucho para poder vivir bien como todos queremos vivir.

—Tu primer inversor te lo presentó un profesor mientras estudiabas en Stanford, era John Muse, fundador del fondo Hicks Muse, quien en la Argentina había sido dueño de Telefe y del grupo CEI. ¿Hay relación entre medios de comunicación y la empresa que vos comenzaste?

—No directa, pero sí la tecnología produce en muchas industrias. Y una de las primeras que se vio afectada es la de los medios de comunicación. Me parece el único vínculo.

“Ahora somos grandecitos y nuestros actos no tienen las mismas consecuencias que antes.”

—Al comienzo hubo vidas paralelas porque la disrupción tecnológica afectó primero a los medios.

—Cuando empezamos, nuestros principales competidores eran los grandes diarios, cuya principal fuente de ingresos eran los anuncios clasificados. Mercado Libre introducía una nueva forma de vender, que competía con los clasificados.

—Le ofreciste a Clarín invertir en Mercado Libre, ¿no?

—Y no nos dieron pelota.

—Y en Brasil, el diario más importante, “Folha de Sao Pablo”, es el creador de Pago Seguro.

—Es un competidor fuerte nuestro.

—Ellos le dieron “más pelota” al tema.

—Tuvimos muchas conversaciones. Ellos querían hacer una alianza muy fuerte con nosotros pero decidimos mantenernos independientes.

—Amazon se está convirtiendo ahora en una empresa de medios al querer competir con Netflix. ¿Qué opinás de esa estrategia?

—No es la nuestra. Nosotros creemos que hay empresas buenísimas haciendo contenido. Siempre tratamos de hacer cosas distintas a las de los demás y tratamos de ver dónde podemos agregar valor. La gente tiene muchísimas opciones de ver contenido de altísima calidad: lo que sí vemos es que en América Latina la mitad de la población no tiene acceso a los servicios financieros. La mitad de la población no puede ahorrar.

—Clarín tenía su propio sitio de subastas que se llamaba Más Oportunidades. ¿Por qué los medios tradicionales argentinos no pudieron?

—Hay un libro muy aburrido, muy bueno, que se llama Innovator’s Dilemma, de Clayton M. Christensen. Hace todo un estudio de décadas y décadas y demuestra cómo cada vez que aparece una innovación , el líder de la industria anterior no puede adaptarse.

FRENTE AL MURO DE BERLIN: “La democracia republicana y el sistema capitalista van de la mano”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—Se quedan en la melancolía, como le pasó a Kodak.

—Kodak es uno de los ejemplos. Sí. Es sensacional el libro. Desde que apareció los líderes empezaron a pensar en su propia disrupción. De alguna manera es lo que nosotros hicimos cuando aparecieron los clasificados gratuitos. Cada vez que aparece algo nuevo que te amenaza, en vez de resistirlo, abrazalo.

—Bezos salió al rescate de “The Washington Post”. ¿Te ves al rescate de algún diario tradicional en el futuro?

—No me veo. Me fascina lo que hacemos. Y me gusta el territorio que brinda la posibilidad de democratizar los servicios financieros.

—“La Nación” tenía De Remate, y ustedes lo compraron.  

—Tomaron la decisión de vendernos y les fue muy bien.

—Repsol compró YPF mientras vos estabas en tu beca en Stanford, lo que te impidió volver a esa empresa.

—Fue un error clarísimo. Pero a mí me liberó.

—Con tu experiencia, ¿cómo ves Vaca Muerta, la posibilidad de financiarla y que realmente sea el equivalente a la soja dentro de cinco años?

—Es una posibilidad real en la que se ha avanzado muchísimo. Estamos mucho mejor en ese sentido que hace cuatro u ocho años.

—Alberto Fernández tiene mucha expectativa allí.

—Cuando me junté con ellos me hablaron de Vaca Muerta como una de las cosas que quieren mantener, continuar y apostar fuerte, y claramente tiene un potencial enorme. Como emprendedor, diría que habría que mirar mucho el tema de las energías renovables. No pondría únicamente las fichas energéticas del país en Vaca Muerta, que es sensación. Se puede exportar muchísimo seguro a Chile y también a San Pablo, que tienen un déficit de gas muy grande.

—¿Para vos la industria del conocimiento será más importante que Vaca Muerta?

—No quiero ponerla en contraste con Vaca Muerta, pero me parece que es hacia donde va el mundo. Hoy Argentina está bien parada ahí. Si mantenemos durante veinte años las políticas de Estado que hemos tenido en los últimos 15, creo que en Argentina pueden pasar cosas sensacionales.

—Dijiste que en veinte años no va a existir más dinero en efectivo.

—Sí, creo que no va a existir más. Lo que está pasando en Argentina con los pagos con código QR es una cosa asombrosa y extraordinaria. Están creciendo a tasas muy altas y la experiencia que tiene la gente que lo usa es magnífica. Soy muy optimista. Y la experiencia del dinero en efectivo es muy mala. Ni qué hablar en un contexto del 50% de inflación. Dejaste $ 100 un mes abajo de la cama y perdiste el 5%.

—Dijiste que querés eliminar el dinero de toda Latinoamérica con el pago digital.

—Es un poco ambicioso. Pero uno se pone la meta allá arriba.

—¿Cómo modificaría eso a países con alta inflación y con una relación con el dólar como la que tiene Argentina? ¿El dinero físico todavía es un garante de la nacionalidad?

—No, porque detrás del dinero está el Estado garantizando. Nos bajamos del libra, que es una criptomoneda, porque vemos que utilizando las monedas soberanas se puede obtener el beneficio de que el dinero pase de un lado al otro de manera instantánea. Tan fácil como enviar un mensaje de WhatsApp y sin costo o a costo mínimo. Es algo que beneficia a la gente pobre que no tiene plata. Los bancos no te pagan nada por ese dinero que tenés en tu caja de ahorro y ellos se lo prestan al Gobierno a tasas de Leliq.

—Claro, pero a partir del fin del dinero en billete se crea un sistema en el cual todo el dinero que tenga la persona va a estar aplicado a intereses mientras no lo use.

—Eso es lo que sucede hoy en Mercado Libre. Pero no se usa para prestarles a otros. Nosotros no somos un banco, el dinero que vos tenés está en un fondo común de inversión que te rinde hoy 50%. Aquí se genera una diferencia importante a nivel sistémico, que es importante y sucedió. Teníamos 8 mil millones de pesos en el fondo antes de las PASO, que se cayó a menos de 4 mil dos semanas después de esas elecciones. Si eso sucediese con el sistema de cuenta corriente bancario, habría un riesgo sistémico. Porque el dinero que ves en tu cuenta corriente el banco se la prestó a otros. Aquí no pasó absolutamente nada, la gente retiró 4 mil millones de pesos que estaban invertidos en su fondo que tenemos con el Banco Industrial y no hubo ningún riesgo sistémico. Al tiempo, la cantidad volvió a crecer. Tu dinero no está prestado. Está invertido en un fondo común de inversión muy seguro que hace colocaciones de muy corto plazo.

—¿Cambiaría la macroeconomía en países de alta inflación si se generalizara?

—La inflación sería menos la mina que es hoy. La inflación castiga a la gente pobre que no tiene capacidad de obtener un retorno por ese dinero que cobra. Aunque la obtenga de una changa, no se la gasta en el día, sino en la semana siguiente. Así esa gente tiene su dinero protegido de la inflación.

—¿No modifica la macroeconomía?

—Una cosa que vemos es que a medida que se acelera la inflación, la gente tiende a acelerar el consumo. Yo tengo jabón, pero igual voy a comprarlo. Mañana va a salir más, entonces compro, porque voy a necesitarlo. La gente acelera el consumo en los países de alta inflación porque quiere reducir al máximo el dinero que le sobra.

—Dijiste que el dinero digital sería gratis pero en Wharton te enseñaron que no existe almuerzo gratis. Entonces, ¿cómo se financiaría ese sistema?

—Por ahora es gratis. En China, que está más establecidos, se cobra, pero muchísimo menos que cualquier otro medio de pago. Una opción puede estar en vender servicios. El fondo común de inversión sí te da una comisión, tenés un retorno del 50%, en neto de nuestra comisión que compartimos con el Banco Industrial, que es del 2%. Con lo cual, te vendo servicios en la billetera digital: te vendo seguros, te doy préstamos. Nosotros estamos dando préstamos, tenemos esa capacidad. Vos sos una persona que tiene un trabajo en negro, pero veo que tenés ingresos todos los meses y que consumís con tu teléfono: con esa información, puedo animarme a darte un préstamo.

—Usás la inteligencia artificial en lugar de los comité de riesgo.

—Usás información que está digitalizada. El efecto de estos sistemas es blanquear la economía. Hacemos préstamos de 100 dólares a muchísimos consumidores. Y las tasas de mora que tenemos en estos momentos en la Argentina son bajísimas.

—¿El fin del dinero en papel, la modificación del sistema financiero, es tu próxima misión?

—Me gusta mucho. Tanto como me apasionaba el tema de democratizar el comercio. También me entusiasma muchísimo lo que hacemos en materia de logística.

“EL CAPITALISMO es más que la propiedad privada y punto. También es esencial que haya competencia”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—Pero a ver, así como Bezos orienta su empresa en parte al área de producción de contenidos, tu estrategia es más la de Paypal que la de Amazon.

—La empresa que más se parece a Mercado Libre en el mundo es Alibaba. Tiene a Alipey, que es muy muy exitosa y es como un Paypal por diez.

—Como Pago Seguro en Brasil. ¿Ese es tu foco para la segunda fase de Mercado Libre?

—Sí. Mercado Pago, que empezó siendo algo para facilitar los pagos. Pero es posible que el futuro sea más grande que Mercado Libre.

“Alberto Fernández y Jair Bolsonaro encauzarán su relación.”

—Concretamente, ¿imaginás que Mercado Pago será más grande que Mercado Libre dentro de unos años?

—Sí.

—Dijiste en un reportaje: “Mercado Libre va a ser cien veces más grande de lo que es. Logramos democratizar el comercio y lo vamos a seguir haciendo y ahora vamos a democratizar el dinero”.

—Sí.

—Sigo, y que “el dinero está atrapado en un sistema muy caro y muy ineficiente. Vamos a liberar el dinero a la gente que no está bancarizada, que es el 50%. A la larga o a la corta todas las industrias van a tener que transformarse por internet. La de medios ya lo sufrió, el comercio también. Ahora está llegando al sector financiero”. Un cambio de este tipo sería revolucionario en la macroeconomía.

—Lo sería para bien, porque el 50% de la población en América Latina no tiene acceso al sistema financiero. No puede ahorrar, no puede generar una renta, no puede pagar en cuotas, no puede pedir un préstamo. Sería algo que beneficiaría a muchísima gente. Para darte un ejemplo, nosotros lanzamos nuestro fondo común de inversión con el Banco Industrial hace poquito más de un año. En un país de 45 millones de personas, había 400 mil cuentas comitentes. Es decir que prácticamente nadie invertía en fondos comunes de inversiones. Nosotros tenemos actualmente 800 mil personas invirtiendo en nuestro fondo, el doble de lo que había en todo el país. Y la inversión promedio es de menos de 200 dólares, así que gente que jamás se hubiese imaginado que podía abrir un fondo, ir, invertir en un fondo común de inversión lo que está haciendo desde el teléfono obteniendo una renta y teniendo capacidad de ahorrar. Agregamos a 800 mil personas al mundo de los fondos comunes de inversiones que empiezan a pensar, a decir che ¿cómo es esto? ¿Siempre sube? No, ojo que a veces puede bajar: si sube mucho la tasa, día siguiente podés tener un poquito menos. También aquí hay una democratización.

—¿Tuviste algún contacto con Mohamed Yunus, el indio creador de la banca para pobres? ¿Estudiaste su caso?

—No tuve contacto con él. Pero conceptualmente es lo mismo. Hablamos de los compradores. Pero también les estamos prestando en Argentina a 30 mil pymes y el monto promedio es de 5 mil dólares. Pero no competimos aún con los bancos. Argentina tiene un sistema financiero que no le presta al sector privado. Nuestros préstamos son menores todavía a los de los bancos. No tenemos una relación de competencia.

—Es bastante parecido al modelo de Yunus; él habla de microcréditos también con bajo incumplimiento.

—Sí, creo que conceptualmente sí. Tal vez la diferencia más importante es el uso de la red de redes para distribuir los créditos.

“No estamos condenados al éxito ni somos mejores. Habrá que trabajar mucho para poder vivir bien.”

—Dijiste y te voy a leer textualmente: “El modelo financiero tiene fallas estructurales, las ganancias siempre son privadas pero cuando hay una crisis las pérdidas son de la sociedad. No puede ser que cuando ganen se la lleven y cuando pierden hay que salvarlos para que no se arme una crisis catastrófica como la de 2001”. O sea, finalmente, sos un socialista financiero.

—El capitalismo no puede funcionar con el sistema de cuando ganás te la llevás y cuando perdés, vienen y te salvan. Cuando perdés en el sistema capitalista, te vas a la quiebra.

—Thomas Piketty señala el grave problema de la mayor concentración de la renta, el mayor problema del capitalismo, el mismo que hizo pronosticar equivocadamente a Marx que el capitalismo colapsaría por su tendencia al monopolio que en el siglo XX logró corregirse pero vuelve a aparecer en el siglo XXI.

—Hay un problema en el sistema bancario que genera riesgos sistémicos. Cuando genera riesgo sistémico, como pasó en Argentina en 2001 o en Estados Unidos y Europa en 2008, es la sociedad la que tuvo que salvar a los grandes bancos. Señalo un problema específico del mundo financiero bancario. Si hablamos de capitalismo, sabemos que sacó a más de mil millones de personas de la pobreza. Hubo una transferencia enorme de riquezas de Estados Unidos y Europa hacia Asia. Las clases medias padecieron mucho más que las altas esa transferencia. Pusieron sus fábricas en Asia y quedaron igual o incluso mejor que antes. Pero el trabajador que estaba en Estados Unidos o en Europa de golpe se quedó sin empleo. En Estados Unidos pasó esto pero no en China. En China salieron más de 700 millones de personas de la pobreza y en India también, más de 300 millones.

—La clase alta se enriqueció más que antes.

—Pero que se soluciona no cambiando el sistema de producción sino cambiando los impuestos. En Estados Unidos el impuesto a las ganancias de capital es mucho menos que el impuesto a las ganancias. No hay impuesto al patrimonio y el impuesto a las ganancias, es decir, el impuesto sobre tu sueldo, es del 35% mientras que el impuesto si sos un capitalista que invierte y tiene una ganancia, es del 20%. Entonces alguien que gana miles de millones de dólares en Estados Unidos paga muchos menos impuestos que alguien que gana 100 mil dólares. Es lo que dice Warren Buffett, que es un demócrata socialista. Dice: “Yo pago menos impuestos que mi secretaria porque todas sus ganancias vienen de ganancias de capital”. En Estados Unidos esto se podría solucionar de una manera relativamente fácil.

—En El Líbano cae un gobierno por querer cobrar llamadas por whatsapp.

—No soy un experto en El Líbano. La sensación que me da es que es un país con muchas situaciones muy complejas. Es una zona que tiene muchos problemas y a veces una gota puede hacer que rebalse el vaso.

—Las últimas revueltas empezaron con el aumento de la nafta en Ecuador o el aumento del transporte público en Chile. La llamada por whatsapp puede ser un servicio esencial en el futuro.

—Sí, sí.

—Tu abuelo Walter Leach fundó la empresa familiar de cueros en 1941, que hoy se llama Sadesa y que conduce tu hermano Miguel. Es una empresa importante, con ventas de alrededor de 400 millones de dólares anuales, que emplea 3.700 personas, con plantas ubicadas en Argentina, Paraguay, Uruguay y Tailandia. ¿Por qué no continuaste el camino familiar? 

—Somos cinco hermanos. Yo soy el cuarto. No sentí la necesidad ni el mandato familiar de hacerme cargo de la empresa que fundó mi abuelo y que siguió mi padre. Siempre hice mi propio camino.

—¿Todos tus otros hermanos están en la empresa familiar?

—No, solamente dos. Hay otros dos que viven en el exterior.

—Tu padre, Ernesto Galperin, fue el artífice de la internacionalización de la compañía. ¿Te transmitió su cosmopolitismo?

—En casa el mandato es emprender y mirar el mundo, y tomar riesgos, que vienen de mi padre y de mi abuelo, también del lado paterno y materno. Se fueron de sus países, Rusia, Alemania, hacia Argentina tomando riesgos y emprendiendo.

“Apoyé a Mauricio Macri en las PASO y también en las elecciones de primera vuelta.”

—¿Creés en la suerte?

—Sí. Sin duda creo que tuvimos mucha suerte. Nos ayudaron muchas situaciones fortuitas.

—Algunas podrían haber llevado a la no existencia de Mercado Libre. ¿Temés creértela?

—Me ayuda muchísimo mi mujer, que cuando me la empiezo a creer, me baja de dos sopapos a la realidad. Lo mismo sucede con mis hermanos y mis padres. Tengo mis amigos de siempre, siempre estuve con las mismas personas. Obviamente ahora tengo muchos amigos emprendedores. En el mundo emprendedor no se respeta el precio de la acción, se respeta lo que uno logró. O incluso los fracasos. Me mantuve bastante con los pies en la tierra.

—¿El gobierno de los CEOs fracasó porque se la creyó?

—Creo que es fácil ahora decir eso. Ellos sabían la complejidad que tenían que enfrentar. Llamarlo despectivamente gobierno de los CEOs es un error. Hay que tener equipos de gente que haya estado en el mundo político y público. Cuanto más haya polinización de los dos mundos mejor para la sociedad. El gobierno que sale fue aprendiendo de sus errores. De hecho estamos terminando con un cepo. No me pareció que sea un gobierno dogmático. Llegó a tener un peronista clásico como Miguel Angel Pichetto como candidato a vicepresidente. Que te haya ido bien en lo privado no necesariamente garantiza que te vaya bien en lo público. Y viceversa. Como decía antes, creo que hay que tener equipos que sepan manejar los dos espacios. Pero, sin dudas, cuando a uno le va bien, toma confianza y esa confianza tiene un costado peligroso. Hay que tener mucho cuidado cuando a uno le va bien de que eso no lo maree, de que no lo haga sentirse alguien al que nunca nada le puede salir nada mal. Lo bueno del mundo de la tecnología es que eso sucede rápido.


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