Triple Corona: dos caballos unidos por un gran éxito calcado y una convivencia inédita, con una perra que los educaDeportes 

Triple Corona: dos caballos unidos por un gran éxito calcado y una convivencia inédita, con una perra que los educa


El peón Horacio Ayala con Roman Joy; Mariano Semowoniuk, Luciano Zylber y el capataz Lorenzo Abregú, con Village King; parte del equipo junto a dos ganadores del GP Jockey Club de la misma caballeriza

Uno,
Village King, volvió al país tras competir en Estados Unidos. El otro,
Roman Joy, está construyendo la base sólida de su campaña, con el

Nacional

en el horizonte, este sábado en

Palermo.

Los separan un puñado de metros y un box en la villa hípica de

San Isidro,

el hipódromo en el que
ganaron el GP Jockey Club de sus respectivas generaciones, con solo dos años de diferencia. Esa hazaña, el éxito en finales ajustados con el mismo número (6) en el segundo paso de la
Triple Corona, los une, además de “la versatilidad”, una de las principales virtudes para su propietario,
Carlos Felice. Ambos caballos vencieron sobre césped y arena. Y conviven desde la última semana.


Los mandiles de Roman Joy y Village King, en hazañas compartidas Crédito: El Ángel de Venecia

“Village King se fue del país catalogado como pastero, porque en esa pista había ganado también el Ensayo (el clásico previo) y fue tercero en el Pellegrini que ganó Puerto Escondido. Pero hay que recordar que su primera victoria fue en una carrera que iba a correrse en el césped y se disputó sobre arena pesada”, apunta Felice, secretario general de la
Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA). Y amplía el dato: “Fue muy buena la campaña en Estados Unidos. Corrió poco en la elite del turf de ese país, ante caballos que el sábado estuvieron en la Breeders’ Cup y su victoria clásica fue en la arena. Su adaptación llevó un tiempo largo, pero se adaptó muy bien al entrenamiento americano, se hizo ligero y por eso corría adelante”. Todo un cambio de actitud. En especial luego de vencer por el hocico en el Red Smith Stakes (L-1800m) de Aqueduct, uno de los hipódromos de Nueva York.

Luego, casi siempre dio pelea, y cuando más cerca estuvo fue en Gulfstream Park, en un tercer puesto en un Grupo 2. “Vino haciendo muy buenos parciales adelante, lo presionó un francés (Canessar) y en el final quedó a un cuerpo”, recuerda Carlos. Fue su penúltimo intento. Un mes y medio después, su único fracaso en aquellas tierras marcó el comienzo de su despedida, aunque no fueron determinante las molestias en los nudos que derivaron en “una cirugía novedosa, algo así como una liposucción de los chips (micro huesos) sueltos en una mano. Quedó bárbaro, volvió impecable”. La molestia quedó atrás, gracias a ese trabajo de “aspiración, sin cortar nada” en una clínica en Kentucky. Todd Pletcher, el entrenador allá, lo había llevado a descanso y la práctica la desarrolló Lawrence Bramlage, una eminencia.


Village King (der.) ganando en Estados Unidos; los colores del stud argentino brillaron en Aqueduct en 2018 Crédito: @Nyra

“Solo una vez pude ir a verlo correr -repasa Felice-, en Miami. Sí lo seguía en el día a día porque me mandaban fotos y videos, y veía las carreras. Pero lo traje de regreso para disfrutarlo. Tenerlo tan lejos te quita la posibilidad de observarlo en el stud, acariciarlo, compartir asados con el equipo. A esta altura uno piensa más en las satisfacciones intangibles”. Tras el descanso obligado por la operación, el centro de entrenamiento de Blackwood fue su lugar en el mundo para comenzar a trotar en ese paraíso hípico y poner los cimientos al regreso, con una escala y cuarentena a 1600 km, en Miami, y algo más de medio día de viaje en avión hasta Ezeiza.

A los 57 años y aunque lleva varios en la cría, donde el padrillo Hat Ninja es su nueva apuesta, Felice es de los que además compra ilusiones en los remates. Village King surgió de Santa María de Araras, en Sierra de los Padres. Roman Roy creció en La Biznaga, en 25 de Mayo, otra localidad bonaerense. “Somos un stud chico, una Pyme. La idea es tratar de que sean pocos y buenos, aunque no sea nada fácil. Cuando compramos nos fijamos en la genética y en el físico; a mí particularmente me gustan los de físico grande, pero apuntamos a hijos de padrillos de primera generación para no tener que pagar un precio tan alto y medir los recursos económicos”, sostiene. El uso del plural es porque es la cara más visible del bloque que integran desde los peones hasta el preparador,
Carlos Daniel Etchechoury, con un enlace clave:
Lorenzo Abregú. Es el capataz, la mano derecha de Dany. “Hemos tenido suerte, pero también un gran equipo de trabajo”.


Village King galopando en Kentucky, antes de emprender el regreso

También está
Manchita, una pequeña perra blanca y marrón que hace docencia con los caballos: “Les ladra cuando se acuestan mal, porque después de pueden lesionar al reincorporarse, o cuando empujan las puertas del box, y los acompaña hasta la pista de vareo”, la describen en el stud. Eso trae a la memoria a otro animal que la década anterior ayudó con
Lingote de Oro, el primer gran caballo que lució esas sedas, al mando del fallecido Ernesto Romero. “Sin una oveja al lado no podía estar ni en el box ni en el camión; ella era la que lo educaba”, recuerdan. Sin mucho respaldo en la cría aquí, hoy es padrillo en Turquía.


Manchita, la perra “maestra” que educa a los caballos en el stud El Ángel de Venecia

Village King volvió al box que ocupó de potrillo, el tercero de la derecha.
Miguel Lemos, que lo sacaba a galopar por entonces, dos años más tarde acaba de asumir el rol de peón, también.
Horacio Ayala es el que se desvive por Roman Joy y el que tras el Jockey Club dijo que va a “terminar de construir su casa gracias a él”. Ellos sueñan junto a Felice, son “la mano de obra no calificada de un enorme talento que necesitan de este trabajo para sentirse integrados y progresar en la sociedad”, como los describe el patrón. Y vuelve el foco al sueño americano. “Fue una experiencia interesante porque lo llevamos por nuestra cuenta, sin vender ni una herradura. Pensé en llevarlo después de que
ganó el Jockey Club, pero quería correr el Pellegrini, y después asumir el viaje y los costos. Blue Prize es argentina, hicimos fuerza todos, nos pusimos contentos todos porque
ganó el Distaff de la Breeders’ Cup, pero era una yegua que fue vendida. Yo iba por la gloria completa”, diferencia. Son pocos los casos en los que se emprende el traslado sin sumar, al menos, una pata extranjera. Es la excepción y no la regla. “Aquí, en San Isidro, el año que viene tiene por delante el Martínez de Hoz (el primer gran premio del año) y el Latinoamericano (en marzo), que va a tener un premio de medio millón de dólares”, proyecta Carlos.

El GP Jockey Club de 2017

A diferencia de Village King en 2017,
Roman Joy, el potrillo del déjà vu, sí estará en el Derby. “Los caballos tienen una curva evolutiva y yo quiero disfrutar de eso, de tener a uno distinto y tenerlo cerca. ¿Cuántas veces uno puede tener posibilidades de correr con grandes posibilidades el Nacional, con el que perdió por medio cuerpo la Polla de Potrillos y ganó el Jockey Club?”, reflexiona el titular del haras
El Ángel de Venecia.

El GP Jockey Club 2019

“De Roman Joy me gustó la expresión. Fue de esos casos en lo que hay algo mágico, una afinidad imposible de explicar con palabras. Como en el amor, también sucede con los caballos”, sostiene Felice, que empezó a darle todavía más valor al alazán de 500 kilos a partir de una derrota. “Había vencido bien en el debut y después, en su primer Gran Premio, Ivar le ganó por varios cuerpos y me quedó una sensación extraña, porque Dany los creía de igual calidad y nos pasó por arriba. Pero después ese potrillo brasileño demostró que era prácticamente imbatible. Yo desde Hi Happy (fue Caballo del Año en 2015) que no veía uno así acá. Hoy tiene más valor que haya quedado detrás de él y que con tropiezos haya estado cerca del segundo lugar en las Estrellas”, analiza. Village King ya estaba corriendo en Estados Unidos cuando Roman Joy fue comprado.

“Tener en el stud a dos ganadores del Jockey Club es un sentimiento muy difícil de explicar, es inédito, casi un orgullo. Sabemos que esto no es un negocio, que es una competencia y una pasión, que mantiene su esencia intacta en el amateurismo de las cuadreras, con los festejos multitudinarios que en Buenos Aires se extrañan un poco”, dice, casi como pensando en voz alta. Este sábado intentará vivir el suyo, con uno de los candidatos en el final de la Triple Corona. Los sueños se retroalimentan más fácil con lo que genera esta clase de caballos.

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