Neil Peart, el baterista que supo ser profetaEspectáculos 

Neil Peart, el baterista que supo ser profeta

Días atrás, en una entrevista concedida al diario inglés The Guardian, el mayor escritor de ciencia ficción vivo, William Gibson, explicaba algunos problemas en la confección de Agency, su última novela, que será publicada dentro de una semana. Todos suscitados a partir del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2015. “Me desperté al día siguiente, miré el manuscrito y el mundo en el que se establecía una novela contemporánea ambientada en San Francisco estaba inscripta en un mundo que ya no existía. La base emocional de los personajes no tenía sentido; el comportamiento de nadie tenía sentido. Algo de esta tremenda enormidad acababa de suceder y me sentí realmente perdido, y algo triste. Estaba perdiendo este libro”.

Con Rush, el día que fueron inducidos al Rock and Roll Hall of Fame. / AFP)

A decir verdad, de la persona que fue capaz de inventar términos como ciberespacio allá por 1982 (“Una alucinación consensuada experimentada diariamente por miles de millones de operadores legítimos, en cada nación, por niños a los que se les enseñan conceptos matemáticos … Una representación gráfica de datos extraídos de los bancos de cada computadora en el sistema humano. Complejidad impensable. Las líneas de luz oscilaban en el no espacio de la mente, los grupos y las constelaciones de datos. Como luces de la ciudad, retrocediendo”) se podría esperar un poco más que asustarse de un resultado que incluso los algoritmos podía anticipar.

Mientras Gibson admitía pisos y techos de su capacidad de sorpresa (el escritor de sci-fi que pasa de profeta a lector escandalizado por noticias que pueden verse venir de lejos), en California fallecía el ínclito Neil Peart, algo así como un libro de texto humano para miles de bateristas (y otros tantos aprendices) que todavía aspiran a ser él.

La muerte del canadiense Peart seguramente haga imposible cualquier regreso de Rush, la legendaria banda que compartió desde 1974 con el bajista y cantante Geddy Lee y el guitarrista Alex Lifeson. Allí, no sólo por su pericia con los tambores se hizo un elemento vital del conjunto: componía canciones y era el letrista oficial del trío.

Peart, que ingresó para reemplazar al primer baterista de la banda, John Rutsey, fue el responsable de que en 1976, un año antes del estreno de la primera Star Wars, el mundo del rock saludara un disco titulado 2112, cuya consigna conceptual transpiraba un candor quinceañero que anticipaba la obra de George Lucas.

Según se podía desprender del relato sugerido, el universo alcanzaba para 2062 un nuevo estadio d e opresión, cuando los Sacerdotes de los Templos de Syrinx, odiadores de la música, desplazaban a la Federación Solar. Por fortuna, todo empezaría a cambiar cuando en 2112 un optimista libre pensador encuentra un dispositivo extraño (lo que cualquier persona del siglo XX reconocería como “guitarra”) y se martiriza intentando trasladar melodías hacia las estrellas. Algo así, el texto de nuestro pulpo en el púlpito.

Rush, el grupo al que nuestros mayores querían vendernos como “una mezcla de Yes y Led Zeppelin”, generó un culto blanco. Un rebaño para geeks, metaleros, progresivos y desclasados que se transformó en un nicho gigante. Supieron ser bullyeados por la intelligentzia contracultural, como una versión rockera de Milhouse Van Houten.

En ese engranaje, Peart forjó su perfil. Demasiado inquieto para el rol de monje zen que los fans le querían asignar, le reasignó a su puesto la dignidad y la visión que los malos chistes (y la caja de ritmos Roland 808) se esforzaban en denostar. Golpe a golpe, verso.

JB

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