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Autonomía: ir solos al colegio, un desafío que empieza en el último grado de la primaria

Autonomía: ir solos al colegio, un desafío que empieza en el último grado de la primaria

Lorena Grojsman acompaña a su hija Irina hasta la parada del colectivo; de ahí sigue sola hasta la escuela Crédito: Patricio Pidal/ AFV

Con el comienzo de las clases, muchos padres se enfrentan al dilema de aceptar una demanda que surge con el crecimiento; la inseguridad, el principal temor; aconsejan permisos graduales

Hasta Cabildo y Congreso en colectivo y de ahí el subte D hasta la estación Catedral, que la deja a dos cuadras de su nueva escuela. Irina Polack vive en Coghlan y tiene 13 años, y el ingreso al Colegio Nacional de Buenos Aires trajo un nuevo desafío: este año comenzará a viajar sola. “Hubo un entrenamiento el año pasado durante el curso de ingreso todos los sábados, pero siempre la llevaba yo. Ahora la voy a acompañar hasta la boca del subte, porque sale tan temprano de casa que todavía es de noche. Pero a la vuelta hará todo el trayecto sola. La verdad es que me da un poco de miedo, pero siento que ella está preparada. Además, en algún momento hay que soltarles la mano, y es un aprendizaje necesario tanto para los padres como para los hijos”, dice Lorena Grojsman, su madre.

Según el cronograma estipulado, hoy comienzan las clases, y aunque el inicio del ciclo lectivo será muy dispar en todo el país con los principales gremios docentes que decidieron acatar al paro nacional convocado para las próximas 72 horas, para una buena parte de los alumnos que cursan el último grado de la primaria o empiezan el primer año de la secundaria será el inicio de una nueva etapa en el camino de la autonomía.

Ir solos del colegio a la casa, salir a almorzar al bar de la esquina con los compañeros de clase o hacer algún mandado cerca de sus casas son algunos de los permisos que llegan con el avance de la pubertad, entre los 11 y los 13 años. En la puerta de la adolescencia, ese tipo de habilitaciones son para los chicos como pequeños trofeos en la conquista de la independencia, y aunque los padres son conscientes del crecimiento de sus hijos, todos los adultos consultados por LA NACION confiesan que es una decisión difícil, que deben luchar con el temor propio y la inseguridad del entorno. Esa posibilidad latente “de que algo pueda sucederles”.

Para la psicóloga Susana Mauer, especialista en niñez y adolescencia, la generación actual de padres guarda sus propios recuerdos de la infancia, en la que algunos aprendían a cruzar calles fáciles alrededor de los 9 años y a viajar solos en colectivo promediando los 12. “Por entonces, curiosamente, conquistar cierta autonomía en el desenvolvimiento fuera de casa era vivido por grandes y chicos con orgullo y placer. Hoy, en cambio, es la inseguridad la razón que justifica y posterga el momento de habilitar estos movimientos de independencia. Pero al hacerlo, lo que también crece es la inseguridad de cada niño. Cuidar no es repetir infinitamente que la calle es peligrosa. No porque no lo sea, sino porque generar confianza es fundamental para que un chico crezca”. Desde esta perspectiva, Mauer opina que las vísperas del pasaje a la escuela secundaria son un buen momento para invertir en este objetivo. “Tanto de movilidad como en algún celular para estar conectado: ‘Llegué bien’; ‘salgo en 5 minutos’; ‘tengo hora libre'”.

Valeria Casaburi es madre de tres, y aunque reconoce que el uso del WhatsApp con su hija mayor es clave para su tranquilidad, la relación entre ambas se convirtió en “celulardependiente”. “Hoy tiene 15 años, pero empezó a ir sola al cole casi a la fuerza cuando comenzó primer año, porque yo me había fracturado la pierna y no la podía acompañar. Por suerte el colectivo que tenía que tomarse pasaba por la esquina de casa, y tenía que ir de Vicente López a Villa Urquiza. El segundo día de clases se tomó el ramal incorrecto y terminó en cualquier lado. Me llamó y me dijo que no sabía dónde estaba. Casi me muero, y entonces la guie por teléfono y le pedí que no me cortara hasta que llegara otra vez a la escuela”, recuerda Casaburi.

Y agrega: “Ahora creo que deberíamos haber empezado antes a enseñarle a manejarse sola, porque los chicos hoy están acostumbrados a que los padres los llevan y los traen de todas partes. Y muchas veces no tienen ni idea del mapa de la ciudad”.

Para Diana Capomagi, asesora pedagógica de los colegios Vaneduc, este es un tema que trasciende a la familia y se debate en la escuela. Admite que no hay recetas, que no todos los barrios son igualmente transitables ni tampoco similares las experiencias de cada chico ni las expectativas de los padres. Pero aconseja que la adquisición de independencia debe ser un proceso gradual. Evitar que llegue de un día para otro, de manera abrupta. “El temor a las situaciones de inseguridad es una de las trabas que más se imponen, pero la autonomía es un factor clave en la constitución del pensamiento crítico porque es la que habilita a cada individuo a tomar decisiones”.

Marisa Rusomando, psicóloga y autora del libro
Diván King Size para padres, pone el foco en la charla previa que suele darse entre padres e hijos sobre este tipo de situaciones. “Cada familia debe evaluar cuál es el momento indicado. Hay que hablar de los posibles riesgos y peligros, pero es importante apelar al equilibrio entre la advertencia y los cuidados que hay que tener en la calle sin generar temor en los chicos. La autonomía no solo enriquece el desarrollo individual, sino que aporta herramientas necesarias desde lo social, reforzando los vínculos con sus pares y los lazos por fuera del círculo familiar”.

Julia Montes, de 12 años, empezó las clases la semana pasada y por primera vez salió a almorzar sola con sus amigas. “De a poco gana confianza. Está contenta. Se me cruzan todo tipo de fantasmas, pero también disfruto de verla crecer”, dice su madre Laura.

Producción de Marysol Antón

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