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La familia de Carla Soggiu, que murió ahogada la noche en que activó el botón antipánico, reclama justicia

La familia de Carla Soggiu, que murió ahogada la noche en que activó el botón antipánico, reclama justicia

Fuente: LA NACION – Crédito: María Amasanti

Mientras llegaba a su fin la marcha por el

Día de la Mujer

en el centro de Buenos Aires, en la esquina de Avenida de Mayo y Perú llamaba la atención a pesar de la incipiente oscuridad un cartel de dos metros, blanco, con un pedido y un nombre. “Justicia por Carla”. Lo sostenían con dos palos de madera el papá, la mamá, la prima y la tía de Carla Tamara Barrera Soggiu, la mujer de 28 años que apareció
muerta, flotando en el Riachuelo, el 19 de enero.

Las pericias indican que murió ahogada el 15 de enero, el día que desapareció. El último registro de su paradero cuando estaba viva es la filmación de una cámara de seguridad que la muestra caminando por la calle junto a un amigo de su marido, que estaba preso por maltratarla. Se cree que se dirigían hacia la parada del colectivo que la llevaría al estudio jurídico donde trabajaba. Pero nunca llegó a su trabajo. Y entonces empezó la búsqueda.

Los detalles del caso los cuenta la prima de Carla, Julieta Grassi, presente en la multitudinaria marcha del Día de la Mujer que se celebró esta tarde, con su familia. El pedido de Justicia es porque la investigación se encuentra “estancada”: no hay detenidos por el crimen ni hipótesis claras.

Los padres de Carla creen que el femicidio lo cometió alguien cercano o que responde al marido de Carla, Sergio Fuentes, también padre de sus dos hijos de 4 y 2 años. El esposo, dueño de un puesto de diarios, se encuentra preso desde el 26 de diciembre, cuando lo detuvieron tras una denuncia de su esposa por mantenerla atada durante 6 horas, golpearla y violarla. Ese día también escondió los documentos de los hijos de ambos y la amenazó con secuestrarlos. Desde entonces, tanto él, que quedó encarcelado, como los familiares de Fuentes, tenían una orden perimetral.


Fuente: LA NACION – Crédito: María Amasanti

“Pedimos Justicia, que no se deje de investigar”, dice la prima. “Quieren cajonear el caso, porque dicen que no hay pruebas. Sólo se encontró el botón antipánico que ella tenía en el bolsillo y que activó el día que la mataron. No encontraron su celular ni su cartera”.

La familia Barrera sabe que no hay posibilidad de que el asesino haya sido el esposo. Pero creen que “la mandó a matar”. “Sospechamos del padre de él, un excomisario de la Policía con muchos contactos para tapar todo”, agrega Julieta. Tiene un pañuelo violeta al cuello y sube el tono de voz para que se escuche entre los estruendos de los bombos de la manifestación por los derechos de las mujeres. En la Argentina murió una mujer cada 29 horas en lo que va de 2019. En los últimos años las estadísticas rondaron las 32 y 36 horas de diferencia entre cada asesinato contra una mujer por su género.

La familia denuncia irregularidades en la investigación desde el inicio: “La policía tuvo una hora y media para buscarla desde que ella apretó el botón de pánico el día que la mataron, pero no la fueron a buscar, decían que estaba en una villa. Después se supo que el sistema de botones antipánico no funcionaba porque el Estado tenía una deuda y estaba fuera de servicio desde días antes de que ella lo activara”, agrega.

Barrera desapareció el martes 15. La buscaron cuatro días, hasta el sábado 19, cuando la encontró personal de limpieza del riachuelo, a la altura de Barracas, en una valla de contención. El cuerpo estaba hinchado, pero fue reconocido preliminarmente por el pelo corto de la víctima y el tatuaje de una mariposa que llevaba en el omóplato. El jueves siguiente al día de la desaparición, ella debía declarar en contra del marido en el juicio por maltrato. En esa golpiza le pegó, según la familia, adrede, en el lugar de la cabeza donde llevaba una válvula de drenaje porque sufría hidrocefalia. Ambos tenían un puesto de diarios y lo compartían.

La familia resalta que durante la investigación se encontró en la casa del padre del marido una computadora que compartía la pareja. Allí había un programa de rastreo donde estaba registrada Carla Fuentes. A esa computadora llegaban todos los mensajes y llamadas que ella hacía.

“Pedimos justicia porque hace más de cincuenta días que pasó lo de nuestra hija y todavía no sabemos qué le pasó. La investigación va muy lenta, demoran mucho para entregar pruebas, las filmaciones de las cámaras donde nosotros creemos que la mataron, los contratos de las empresas que brindaban el servicio del botón antipánico. Necesitamos ver lo que hay para saber”, dijo el padre de Carla, Alfredo Barrera, a LA NACION desde la Av. de Mayo.

“Ella había hecho una denuncia en contra del marido y estaba haciendo todo bien. Pero sufrió lo que no tiene que sufrir ninguna chica. Vinimos a marchar para pedir verdad por ella y para acompañar a todas las mujeres, porque esto no debe ocurrir nunca más”.

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