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Spence reivindica a los estilistas y a los zurdos exquisitos

Spence reivindica a los estilistas y a los zurdos exquisitos

Spence derrotó a Mikey García el fin de semana pasado Fuente: AFP – Crédito: Tom Pennington
21 de marzo de 2019  • 23:59

El estadounidense Errol Spence consiguió algo más que la mejor victoria de su carrera al conservar de modo brillante su corona mundial de los welters de la FIB hace una semana. Se consolidó como uno de los mejores boxeadores del momento encendiendo en pleno las polémicas sobre quién es el Nº 1 de este deporte en la actualidad. Más allá del mérito de quitar de camino, con una exhibición de exquisito purismo boxístico, a su compatriota Mikey García, aspirante a cinco coronas en pesos diferentes y competidor directo por las máximas distinciones, Spence elevó ante los ojos de los expertos la valoración después de mucho tiempo, con el estilo técnico y fino de un campeón, en el que la cerebración y el talento priman sobre la fricción y el golpe definitivo. Su 25º triunfo consecutivo desafió a todos los burdos principios que quiere imponer el “nuevo mercado” de esta industria: atacar y tirar golpes sea como sea”.

Spence, de 29 años y campeón desde 2017, tiene un juego de piernas calibrado a la perfección, con un jab preciso y primoroso que define el contorno artístico con el cual se define a esta disciplina. Su mano de remate es medida, precisa y justa. Tiene una particularidad muy especial que dimensiona la descripción plástica de su modo de boxear: su postura de zurdo, una característica que siempre quitó espectacularidad a los boxeadores “invertidos”. Sin embargo no causó efectos en su caso. Sobre todo en estos tiempos de renacimiento de zurdos, técnicos y estilistas.

El último gran debate sobre los diversos talantes estratégicos fue marcado, con opiniones totalmente opuestas, por dos grandes multicampeones: Oscar de la Hoya y el puertorriqueño Miguel Cotto, que en el último congreso realizado en el International Boxing Hall of Fame, de Nueva York, señaló: “Los jurados muchas veces puntúan en torno a lo que el público quiere ver sin apreciar lo que hacen los boxeadores. Preparar un cotejo con base en prolijidad, defensa y buena línea produce -generalmente- una gran decepción en nosotros cuando recibimos un fallo adverso. Hoy por hoy, no hay mucho ojo para esto”. En cambio, De la Hoya justificó en septiembre la victoria del mexicano Saúl ” Canelo” Álvarez sobre el kazajo Gennady Golovkin con una oratoria simple y casi infantil: “Tiró muchos golpes, muchos más golpes que la última vez. Tiró y mereció ganar”. Cual si fuese un juego de puntería, uno de los hombres más importantes de este ámbito dejó un concepto muy pobre sobre cómo se debe vencer en el ring.

Por suerte, la crítica y los expertos reivindican también a dos exponentes de boxeo académico, atildado y de guardia zurda: el kazajo Vasily Lomachenko, tricampeón mundial, que luce inexpugnable a los 31 años, sin mucho carisma pero con una extraña forma de defender su cetro de los livianos de la OMB. Dueño de 18 victorias y un revés, arriesgará su corona ante el inglés Anthony Crolla el 12 de abril. No tiene gran sintonía con el público pero su energía ganadora sobrepasa toda suposición.

El estadounidense Gary Russell, campeón pluma del CMB, es el otro zurdo señalado. Cuenta con una imagen atractiva y placentera de observar cada vez que expone el cetro de los 57,100. Perdió contra Lomachenko en una decisión mayoritaria y polémica.

Otro de guardia izquierda sobreviviente a estos días es Manny Pacquiao. Pero lo suyo tiene otros ribetes. Todos ellos ocuparían el “top five” pugilístico del día de hoy.

Son a la distancia, de otras épocas y grandezas, émulos de las estampas que inmortalizaron Ray Robinson, Sugar Ray Leonard , Muhammad Ali y Floyd Mayweather, que gestaban cada uno de sus movimientos sobre la base del conocimiento del ring.

El último zurdo completo y virtuoso fue Marvin Hagler. Entrañable y extrañado desde su retiro tras perder contra Leonard en 1987.

La teoría sobre los invertidos fue cambiando con el correr de los años y se convirtió en anécdota. Como aquellas históricas de los porteños Eudardo Lausse y Oscar Bonavena, a los que obligaron a cambiar de perfil luego de su primer round de bolsa, porque el boxeo era sólo para diestros…

Spence, Lomachenko y Russell pretenden reivindicar al purismo y la esencia de este oficio. Merecen el elogio. Y seguir así, pese a la óptica de algún “jurado” timorato y a los aplausos baratos de los que poco saben de este arte.

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