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Los jefes de Inteligencia niegan saber del espionaje clandestino

Los jefes de Inteligencia niegan saber del espionaje clandestino

La computadora de Marcelo D’Alessio se convirtió en una fuente de enorme incomodidad para el oficialismo. Secuestrada en el caserón del country Saint Thomas, sus archivos revelaron un supuesto espionaje hacia tres figuras de Cambiemos: la gobernadora María Eugenia Vidal, el ministro de Seguridad bonaerense Cristian Ritondo y la diputada Elisa Carrió.


Durante su exposición en la comisión bicameral del Congreso que controla los servicios de inteligencia, el juez federal Alejo Ramos Padilla confirmó el dato. Pero a la vez admitió que todavía no había logrado chequear la veracidad de esa versión, sostenida por los reportes y las fotos que tenía D’Alessio en su computadora.


Confirmado y respaldado como juez de la causa (tanto por la Cámara de Mar del Plata como por la Corte Suprema), Ramos Padilla profundizará sobre esa bambalina.


Tal espionaje se habría concretado con la ayuda de algunos agentes de la AFI. Por ejemplo, el ex comisario bonaerense Ricardo Bogoliuk. Exonerado de la Policía en 2006 por haberse asociado con piratas del asfalto de Mercedes, Bogoliuk ocupó un cargo en la ex SIDE desde el 1º de mayo hasta el 31 de diciembre de 2017. Tras ser echado, armó una empresa de consultoría en Puerto Madero.


Su compinche y socio era otro comisario echado de la Bonaerense: Aníbal Degastaldi. Si bien no tuvo nombramiento formal en la AFI, Degastaldi chapeaba con ese estatus a cuenta de su amigo.


Ahora, D’Alessio, Bogoliuk y Degastaldi están procesados y presos. El juez Ramos Padilla asegura que integraban una banda dedicada a la extorsión y al espionaje, con fines económicos y políticos. Entre sus objetivos estaban incluidos Vidal, Ritondo y Carrió, además de otros personajes de la política, la Justicia, el empresariado y el periodismo.

Negar todo. Antes de los próximos 15 días (fue el límite aceptado por el senador radical Juan Carlos Marino), la conducción de la AFI se despegará de ese operativo. En su inminente exposición ante la bicameral que fiscaliza a los organismos de inteligencia, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani rechazarán haber participado o estado al tanto de esa trama. En concreto, negarán haber mandado espiar a Vidal, Ritondo y Carrió. Esa postura no implicará en absoluto defender a D’Alessio, Bogoliuk y Degastaldi. Los opositores que integran la bicameral contraatacarán: les reprocharán a Arribas y Majdalani, como mínimo, no haber hecho una contrainteligencia efectiva sobre el ex agente Bogoliuk y sus dos compañeros de ruta.


Pero existe una pista que suma suspicacia a la investigación de Ramos Padilla: antes de que se conociera la novela protagonizada por D’Alessio (¿girador audaz o contacto de la DEA?), las autoridades bonaerenses habían percibido movimientos sospechosos en la Provincia. ¿De qué tipo? Espionaje realizado por segundas líneas de la AFI. Se trataría de algunos ex policías reciclados (y ya expulsados), que habían entrado para trabajar en las nuevas bases bonaerenses de la Agencia, que –se asegura oficialmente– ya fueron desactivadas.


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