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Agujero negro. Otra vez, Einstein tenía razón

Agujero negro. Otra vez, Einstein tenía razón
10 de abril de 2019  • 11:57

Cien años después de que un eclipse permitió probar la predicción de la Teoría de la Relatividad de que la gravedad deforma el espacio-tiempo,
la primera foto que se haya producido de un agujero negro vuelve a darle la razón a Einstein: la imagen coincide asombrosamente con las predicciones de la teoría.

“Casi hubiéramos querido que hubiera sido al revés, porque de hecho hay incongruencias que todavía no podemos resolver entre la gravedad y la mecánica cuántica”, bromeó Luis Lehner, investigador argentino que trabaja en el Perimeter Institute, de Canadá, y participó en este logro.

Los agujeros negros son como el mundo del nunca jamás, un territorio fantástico, bestias cósmicas que lo devoran todo a su alrededor. Por las preguntas que plantean son uno de los temas más activos de la física actual. Las mentes más brillantes intentan descifrar sus enigmas y desafían nuestra imaginación con respuestas osadas y fantásticas.

A diferencia de lo que ocurre con la materia que vemos y detectamos con nuestros instrumentos, los agujeros negros son inescrutables. Se calcula que en su centro se consumen en una “singularidad”, un punto de densidad infinita. Y que en sus entrañas no hay pasado, solo futuro. Es más, en algunos casos, la deformación que le imprimen al espacio-tiempo podría hacer que dos de ellos se conectaran formando un “agujero de gusano”, un “túnel” con dos exteriores y un solo interior que podría vincular lugares distantes del universo.

Monstruos de dos cabezas

Durante una charla que ofreció en el Centro Cultural de la Ciencia de Buenos Aires, el argentino
Juan Martín Maldacena, uno de los nombres más destacados de la ciencia actual, comparó este inconcebible artefacto con un “monstruo de dos cabezas” que en teoría podría conectar dos galaxias diferentes. La ciencia ficción explora estas ideas en películas y novelas que nos fascinan.

Pero aunque Einstein fue el que dio lugar, con su teoría, a estos artefactos que parecen surgidos de delirios lisérgicos, en un primer momento se negó a aceptar que tal cosa existiera en el universo. Cuando un extraordinario físico de su época, Karl Schwarzschild, los propuso apllicando las ecuaciones relativistas, él no creyó que éstos se correspondieran con nada real. En 1919, por ejemplo, elaboró un trabajo que, según decía, proporcionaba “una clara explicación de porqué esas ‘singularidades de Schwarzschild’ no existen en la realidad física”.

Su teoría, al parecer, es más monumental de lo que el mismo Einstein llegaría a comprender. Hoy, los astrofísicos dieron a conocer una prueba de que estas entidades tantas veces planteadas en teoría acechan en todos los rincones del universo tal cual fueron planteadas. La tecnología les regaló una imagen que hasta no hace mucho creyeron que nunca llegarían a ver.

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