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¿Para las empresas es más negocio invertir en el exterior que en el país?

¿Para las empresas es más negocio invertir en el exterior que en el país?

En contextos de alta inflación, como el que viene padeciendo nuestro país desde hace muchos años, no debería ser motivo de discusión que las ganancias que se determinen a efectos del pago de ese impuesto deben contemplar los efectos de la inflación en los resultados de las empresas. No hacerlo implica gravar ganancias ficticias en muchos casos, y en otros, determinar ganancias impositivas inferiores a las reales.

La incorrecta medición del resultado a efectos del pago de Ganancias es lo que lamentablemente viene sucediendo aquí desde hace muchos años, situación que podría llegar a cambiar para las empresas que cerraron ejercicio en abril de este año o que cierren en los meses siguientes. Ello se debe a que la ley prevé el restablecimiento del ajuste impositivo por inflación si la variación del índice de precios al consumidor alcanza el 55% en el primer ejercicio iniciado a partir del 1º de enero de 2018.

Hecha esta primera consideración, quisiera destacar la diferencia de tratamiento de las inversiones financieras de las empresas según si se invierte en el país o en el exterior. Está fuera de discusión que el ahorro en el país es escaso y debe promoverse, puesto que su crecimiento permitirá financiar las actividades que aquí se desarrollan. Es por ello que debería incentivarse, o cuanto menos no desalentarse. En este sentido, debe tenerse presente que el capital es “móvil” y fácilmente puede transferirse al exterior o repatriarse, circunstancia que permite reevaluar en cada momento la conveniencia de invertir en determinados instrumentos financieros del país o del exterior.

En efecto, las empresas con excedentes financieros pueden invertir, por ejemplo, en títulos públicos argentinos o de otros países, como bonos del Tesoro de EE.UU. ¿Cuál es el tratamiento aplicable en el impuesto a las ganancias? Si se compran bonos del Tesoro americano, no se tributa por la tenencia del bono, sino recién en oportunidad de su venta o amortización. La renta se determina en dólares por la diferencia entre el precio de compra y el de venta, y el resultado así determinado se convierte a pesos al tipo de cambio vigente a la fecha de venta. Es decir, se tributa por la utilidad “real” generada por la inversión financiera. En cambio, si se decide invertir en títulos públicos argentinos, se tributará por la tenencia si al cierre del ejercicio el valor de cotización convertido a pesos a esa fecha excede el precio de compra también convertido a pesos a la fecha de compra. Cuando se vendan, se generará un resultado producto de comparar el precio de venta convertido a pesos de la fecha de venta con el costo computable que será el valor de cotización a la fecha de inicio del ejercicio a los pesos convertidos de ese momento. Por lo tanto, se tributará sobre la diferencia, sin contemplar el ajuste del costo de compra de los títulos por la inflación entre ambas fechas.

Veamos un ejemplo sencillo: supongamos que la empresa A decide colocar US$100 en bonos del Tesoro americano. Los vende a los seis meses en US$102. El tipo de cambio vigente a la fecha de compra es $40 por dólar, y a la fecha de venta, $60 por dólar. El resultado a gravarse será de US$2, equivalente a $120, lo que arrojará un impuesto de $36.

El gerente financiero de la empresa B decide invertir los US$100 en títulos públicos del país. Supongamos, al igual que el caso anterior, que los vende a los seis meses a US$102 y que la inflación en el país en ese lapso es del 50%, en igual medida que la devaluación de nuestra moneda. El costo computable será de $4000 y el precio de venta, $6120. En consecuencia, el resultado impositivo será de $2120, siendo su utilidad real tan solo $120 -la “ganancia” por inflación fue de $2000-. Así, el impuesto será de $636, correspondiendo la suma de $36 a la porción atribuible a la utilidad real y $600, a la inflación, o sea al capital.

Semejante inconsistencia es consecuencia de no contemplar para la medición de la renta de fuente argentina el ajuste impositivo por inflación. El resultado de la inversión en el exterior no se encuentra afectado por la inflación del país porque se determina en la moneda del país de la inversión. Desde lo fiscal, entonces, se está promoviendo la expatriación de capitales debido a que si se invierte en el país se lo somete a una carga fiscal abusiva que, como vimos en el ejemplo, termina gravando el capital invertido y no la utilidad real que se genera, como debería hacerse.

Además, si, por ejemplo, se compraran títulos del gobierno de Brasil, ni los intereses ni los resultados de la compraventa se encontrarán alcanzados por Ganancias por aplicación del convenio para evitar la doble imposición celebrado entre ambos países.

Resulta llamativo que nuestra legislación desaliente el ahorro en la Argentina gravando utilidades ficticias y, por lo tanto, el capital invertido. Ello no hace más que incentivar la expatriación de capitales, beneficiando a los países en los que se colocan los fondos y que tanta falta le hacen al país para su desarrollo. El problema no radica en la forma en que debe medirse la renta de fuente extranjera. Lo que debe modificarse es la forma en que debe establecerse el resultado impositivo por las actividades desarrolladas en el país. Es imprescindible que se modifique la legislación fiscal de nuestro país para corregir este sinsentido y otras tantas inconsistencias que introdujo la última reforma o que no fueron abordadas por ella.

Socio del Estudio Bertazza, Nicolini, Corti y Asociados

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