Dante Sica: “Nuestro sistema laboral es obsoleto, no se adecúa a nuevas formas de empleo y producción y no pudimos reformarlo”Economía 

Dante Sica: “Nuestro sistema laboral es obsoleto, no se adecúa a nuevas formas de empleo y producción y no pudimos reformarlo”


Dante Sica Crédito: Silvana Colombo

A pocos días del cambio de gobierno, al
Ministro de Producción y Trabajo,
Dante Sica, se lo ve distendido, aunque ante la pregunta sobre cómo está responde: “Con pena”. Tanto él como otros funcionarios sienten que formaron parte de un proyecto que quedó trunco. Aunque se esfuerzan por comunicar algunos logros, como la mejora en la calidad institucional, la transparencia en el manejo y los números de las políticas públicas y la modernización de procesos y dependencias estatales, son conscientes de que el ciudadano de a pie sufrió en carne viva la merma del poder de compra, por la alta inflación no acompañada por los salarios.

La gestión macrista se retira con un 40,8% de la población en situación de pobreza, según la medición de la
Universidad Católica Argentina (
UCA) al tercer trimestre del año. El índice era del 28,5% en 2015. La
pobreza había superado el 40% entre 2001 y 2006 y luego bajó paulatinamente. En el segundo semestre de 2017 llegó a 25,6%, siempre según la UCA, pero ya a partir del segundo trimestre de 2018 todo se complicó.

Según Sica, en materia económica se consideró prioritario estabilizar la macro y bajar la inflación; para ello se utilizaron como instrumentos las altísimas tasas de interés. Pero se enfrió la economía, tal como se evidenció en la estadística que habla de la caída de la industria y la baja del uso de la capacidad instalada, entre otros indicadores. Las consecuencias de esa disminución del nivel de actividad son el aumento de la tasa de desempleo, que llegó a los dos dígitos, y del índice de pobreza, dos indicadores que muestran una estructura social resquebrajada desde hace décadas, pero cuyo deterioro se profundizó a partir de abril de 2018. La feroz sequía que afectó la campaña agrícola ese año y las condiciones externas influyeron en la falta de recursos para pagar los monumentales gastos del Estado, entre ellos, los más de 4 millones de empleados públicos que hay en todos los niveles, apenas dos millones menos que los asalariados privados registrados.

Con 60 años, Sica planea volver a la actividad privada aunque dice tener fuerte vocación por la función pública. No dejará de integrar el espacio de Cambiemos y no se tomará mucho tiempo de vacaciones, algo que sí piensan hacer varios funcionarios del gobierno saliente que se declaran agotados. Quien deja la cartera de Producción declara que se tomará solo unos días en los que despuntará su pasión por andar en moto, para luego volver a trabajar.

-¿Cómo está transitando esta etapa de fin de gobierno?

-Bien… con pena, porque teníamos mucha expectativa de poder continuar con los cambios que veníamos haciendo. Siempre cuando se empiezan procesos de cambio, de transformación, los primeros años son los mas duros y son en los que existen los mayores costos en términos de sacrificio. Estábamos preparados como para ya empezar a ver los resultados. También para acelerar otros cambios relacionados con la modernización de las relaciones laborales y la baja del famoso costo argentino, es decir, mejoras en la competitividad. Nos quedamos ahí.

-¿Cuáles son los logros que ve en la gestión?

-Mirando los resultados parece que los logros son menores, porque hemos enfrentado una recesión muy fuerte durante este último año y medio. Hubo una mejora de calidad institucional muy importante en términos del manejo del Estado, de la transparencia en el sistema de información, de la transparencia en el diseño y la ejecución de la política pública. Se deja una vara institucional muy importante y cimientos sobre los cuales debería trabajar la próxima administración.

-¿Y desde la mirada productiva?

-Hay una Argentina mas integrada al mundo, mas competitiva. Abrimos mercados internacionales que estaban cerrados para muchos productos agroalimentarios. También recuperamos la capacidad energética y pasamos de tener un sector deficitario a uno que cierra en equilibrio. Si continuara el proceso de inversiones, seguramente el año próximo puede ser un sector exportador. Se mejoró la infraestructura. Hubo una desburocratización de la ejecución de programas de política pública y de otros que agilizaron el comercio exterior, entre otros avances.

-¿Y los problemas que enfrentaron?

-Claramente también hemos tenido problemas. Creo que la macro no nos ayudó a que los resultados que podemos observar sean mucho más satisfactorios con respecto a lo que eran nuestras expectativas. La recesión impactó sobre el crecimiento que habíamos tenido en materia de creación de empleo. Si se mira sin la distorsión del Indec de la era kirchnerista, no hemos podido bajar la tasa de desempleo de los últimos 10 años, que ha estado en alrededor de 10% (actualmente está en 10,6%, según los últimos datos del organismo oficial). Si bien tuvimos dos años muy fuertes de creación de empleo, 2016 y 2017, ya en 2018 la tasa de creación bajó. Y también la calidad del empleo generado fue menor. La Argentina tiene hoy 9 millones de ocupados (asalariados), de los cuales 6 millones tienen empleo formal; hay 3 millones de cuentapropistas y monotributistas, pero tenemos 4 millones y medio de trabajadores informales. Cuando se mira el último año, la Argentina creó empleo, pero más informal que formal.

-¿Cree que podría reinstalarse la doble indemnización?

-No sabemos qué se va a hacer… hubo declaraciones de los sindicatos y de los empresarios, que no la esperaban. Dependerá de las políticas del nuevo gobierno. Para mí no es un instrumento aconsejable para frenar una caída de empleo.

-¿A qué sectores ve con mayores dificultades?

-La recesión del año pasado golpeó especialmente a los eslabones mas débiles, que son las pymes. El sector más perjudicado fue el industrial. El textil, el de calzado, el metalmecánico. El calzado deportivo tuvo una caída fuerte porque eran multinacionales que hacían ensamblado y que se habían instalado y crecido sobre la base de barreras comerciales. También estamos viendo una dinámica distinta en el sector del comercio. El 50% de los empleos perdidos no fue por caída de la demanda, sino por el cambio tecnológico, por el avance del comercio electrónico. Hay que trabajar en programas muy fuertes de formación y readaptación profesional.

-Las altas tasas de interés, ¿generaron recesión?

-Eran el instrumento que necesitábamos para equilibrar la macro en el medio de dos efectos externos, que fueron la sequía y el cierre de los mercados internacionales, que a nosotros nos golpeó mucho mas que al resto de los países emergentes porque éramos mas débiles macroeconómicamente.

-¿Por qué?

-En parte, por la herencia que recibimos. Y también por errores propios, como fue nuestra descoordinación o nuestra inconsistencia monetaria y fiscal de los primeros años. Eso nos obligó, para poder equilibrar la macro y el tipo de cambio, a tasas de interés muy altas. Claramente, el costo que pagamos fue un impacto muy fuerte en el nivel de actividad y en el nivel de expansión de las pymes. En un mercado de capitales que ya de por sí es muy chico, se agudizó la falta de financiamiento del sector.

-¿Considera que se podría haber tenido otra política de tasas?

-Quizás uno debería mirar distinto; mirar no el momento en que las tasas saltaron, sino antes… mirar las inconsistencias que tuvimos durante los primeros años. En parte las pagamos cuando en un momento de crisis tuvimos que poner tasas tan altas para poder equilibrar la macro. En el corto plazo también tenías un
trade off, la tasa alta nos permitía equilibrar el tipo de cambio. Es imposible tener una micro exitosa en una macro desequilibrada. El impacto de la tasa de interés sobre el financiamiento de las pymes fue un efecto colateral producto de la necesidad de poder darle una estabilidad a la macro.

-¿Esa acción llevó a la fuga de votos?

-Más bien fue la caída del salario real. Si se mira la recesión en profundidad, es muy similar a la de 2009 y 2014, lo que pasa es que fue mas larga. El esfuerzo que tuvimos que hacer para poder equilibrar una macro que traía mas de 50 o 60 años de desequilibrios crónicos, y hacerlo tan rápido y en tan corto plazo, creo que fue un sacrificio muy fuerte, en especial para los sectores medios.

-¿Se podría haber intentado el equilibrio de la macro de otra manera?

-Siempre hay una posibilidad. En políticas de estabilización no hay un manual de cuál es la única variante, porque tienen que ver también las condiciones externas y las condiciones políticas internas. Es cierto que también hubo cierta subestimación de la herencia que recibimos y, por otro lado, una sobreestimación con respecto a la velocidad con la que nosotros podíamos hacer las correcciones en el corto plazo. Durante la crisis, a partir de abril de 2018, si bien veníamos de una economía en crecimiento, todavía las condiciones macro no eran sustentables.

-¿Cómo fue la relación con los sindicatos?

-Un gran instrumento de gestión fueron las mesas sectoriales, que nos permitieron construir un proceso de diálogo importante, ya que además Cambiemos no tenía mayoría parlamentaria. Pudimos sentar a los sindicatos, cámaras empresariales y organismos públicos en la misma mesa. Con la dirección y comandadas por el Presidente, en muchos de los sectores íbamos logrando eliminar barreras que, mientras maduraban las reformas más estructurales, permitían mejorar la competitividad. El caso paradigmático fue el de Vaca Muerta. Pero también trabajamos muy bien en el sector automotriz, en metalmecánica, en maquinaria agrícola… gestionamos mas de 50 mesas. Esta posibilidad de diálogo fue importante.

-Sin embargo, aunque en algunos casos hubo consenso en las mesas, ninguna de las leyes laborales que se enviaron al Congreso, la de blanqueo entre ellas, salieron de las comisiones.

-No pudimos avanzar porque las condiciones políticas impactan, pero en especial por el comportamiento de los sindicatos, que por ahí te dicen que es cierto que hay que hacer algunos cambios, pero que no es el momento político. Siempre tuvimos un muy buen diálogo con todos los sectores sindicales. Agilizamos el proceso de homologación de convenciones colectivas, marcamos nuestra orientación, pero no utilizamos el proceso de homologación para forzar o presionar. Lamentablemente, siempre nos faltaba el pasito para poder avanzar en tener el consenso general, en especial de la CGT, y lograr reformas más estructurales. Muchas veces te acompañaban en el diálogo, pero en el momento de terminar de dar esa posición, no lo conseguíamos El diálogo tiene que lograr después el consenso legislativo y, en eso, nos quedamos en el camino.

-¿Fue por razones políticas?

-Claramente, sí. Este es el primer gobierno en 100 años no peronista, sin mayoría en ambas cámaras, que va a terminar el mandato y va a entregar el gobierno el 10 de diciembre, como corresponde. Es un hecho institucional inédito en la historia política argentina. Creíamos en la construcción a través del diálogo, pero faltó ese último escalón: poder plasmar los acuerdos en leyes. Es una pena, porque con el tema del blanqueo, por ejemplo, perdió el trabajador.

-¿Qué reformas estructurales cree que faltaron?

-Nuestro sistema laboral es obsoleto, no se adecúa a las nuevas formas de producción y de empleo que se están generando en el mundo. Tiene una mirada más puesta en la protección del puesto de trabajo que en la protección del trabajador. Son leyes y convenios que datan de la década del 70 y que están muy lejos hoy de responder a la dinámica productiva, a la generación de las nuevas formas de empleo.

-¿Podría dar un ejemplo?

-El gran motor de creación de empleo son las pymes. El 50% del nuevo empleo lo generan las nuevas pymes, no las establecidas. Un empresario que ya tiene que lidiar con la incertidumbre del ciclo económico, con la evolución del tipo de cambio, con la evolución de la demanda de su negocio, también tiene incertidumbre a la hora de contratar. Si lo hace en términos formales pero le va mal, porque el negocio no da, y a los 5 meses tiene que despedir a los trabajadores que había contratado , hay una galimatía legal de leyes que se vienen superponiendo en los últimos 25 años.

-Y también fallos.

-La justicia en general es un gran jugador en este sentido. Los fallos y las leyes que se van superponiendo y que en teoría estaban pensados para proteger al trabajo formal terminan atentando contra la generación de empleo. Volviendo al ejemplo anterior, a lo mejor tenés un trabajador durante solo 5 meses, pero entre las multas y los juicios, si el empresario pyme lo despide, termina pagando entre 20 y 30 sueldos, con lo cual se funde. Por esto, ante la incertidumbre terminan contratando empleo informal y no formal, o no contratando. He estado con empresas muy vigorosas que toman hasta 80 personas porque entonces tienen dos delegados y dicen que con una persona más tendrían que tener tres y que se les complica la operatoria con los sindicatos. Son pymes de 35 trabajadores, por ejemplo, con tres sindicatos, con escalas que generan distorsiones y presiones sobre los costos, pero no los salariales sino extrasalariales. Todo esto complica la gestión de la empresa. Podemos nombrar millones de cosas.

-¿Cómo se imagina una reforma laboral?

-No existe algo así como una reforma laboral. No es que mañana va a haber una ley que hará un cambio que contemple todas las dificultades que hoy tiene el mercado laboral argentino. En la Argentina hay tres mercados laborales distintos: uno dinámico que genera empleo formal y altos salarios, pero que es para el 10% de la población económicamente activa. Son los sectores exportadores, de energía, de servicios basados en conocimiento, entre otros. Luego está el mercado laboral mas tradicional, casi estancado, donde hay problemas de informalidad y desocupación y, en general, son pymes. Después, hay un mercado totalmente rezagado donde están el grueso de los problemas de informalidad y de desocupación.

-¿Cómo cree que se logran cambios que perduren?

-Hay que modernizar el sistema laboral argentino. Esto implica desarmar la industria del juicio y actualizar los convenios colectivos. Por ejemplo, los conceptos de ultraactividad (que conserva las cláusulas de los convenios anteriores) y de solidaridad, para que haya una mejor empleabilidad. Y tenemos que generar nuevas categorías laborales. La Argentina tiene dos categorías: o sos trabajador dependiente o sos autónomo. Pero también está el trabajador de plataforma, el autónomo pero económicamente vinculado, etcétera.

-¿Fue un error que el Ministerio de Trabajo se haya unificado con el de Producción?

-No. La potencia que tiene haber unificado estos dos ministerios permite actuar con instrumentos mucho más completos para poder ver la realidad de todo el proceso. Antes, Producción parecía ser el ministerio de los empresarios y Trabajo, el de los trabajadores. Eran esferas que no dialogaban. Hemos cerrado sin conflicto el 90% de las convenciones colectivas y unificamos instrumentos para amortiguar el impacto de la crisis en muchas empresas.

-¿A la economía la llevaba el Presidente?

-Él opinaba y se metía mucho. Es una persona que sabe preguntar y un gran conductor de equipos. Estaba muy involucrado en las mesas de diálogo, entre otras, relacionadas con la desburocratización. Lo he visto sacar gente por no haber cumplido.

-¿Qué piensa hacer de ahora en más?

-Me voy a tomar un tiempito de descanso; no meses, me aburro si no trabajo. Hace 20 años que no me tomo vacaciones. Me tomo enero. Voy a aprovechar para ordenarme un poco, salir a andar en moto, que me gusta, y en febrero vuelvo a la actividad privada como consultor. Tengo que ver los cánones de la ley de ética pública, que dicen que durante un tiempo no puedo tener contrato con empresas sobre las que yo actué. Me encanta la función publica, me hubiera gustado no irme. Si alguna vez tenemos la oportunidad, me gustaría volver. En estos días tenés mucha demanda para sacar las cosas que estaban por salir y también hay que decir que siempre hay un vivo que te pide las cosas imposibles porque, total,
ya te vas”. Yo les digo que sí, que me voy, pero que me llevo mi nombre.

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