Coronavirus: el argentino en cuarentena por su viaje a China dijo que tardaron cuatro días en decirles que debían estar aisladosSociedad 

Coronavirus: el argentino en cuarentena por su viaje a China dijo que tardaron cuatro días en decirles que debían estar aislados

Eduardo Ferraresi y su mujer Diana contrataron un crucero para recorrer las islas del mar de China durante 15 días. El viaje comenzó en Hong Kong, y debía finalizar en Shangai, pero el coronavirus cambió el itinerario y las vacaciones de esta pareja de médicos jubilados, que desde el martes 18 de febrero, por orden de la Subsecretaría de Salud de la Municipalidad de La Plata, se mantiene en cuarentena como parte del protocolo de la infección.

En diálogo con María O’donnell, por Radio Metro, los turistas argentinos contaron que al iniciar su viaje, el primero de febrero, el coronavirus ya era noticia en todo el mundo, y por este motivo el capitán del barco no permitió subir a los pasajeros que habían paseado los días previos por China. “No teníamos miedo”, contó Eduardo. “Mi mujer estaba un poco más asustada con el tema, pero subimos igual. Ese día viajamos para Manila, que era el primer puerto, pero no nos dejaron entrar, y seguimos viaje para de Taiwán”.

En Taiwan debían estar dos días que fueron apenas uno. El primero bajaron, conocieron la ciudad e hicieron compras, y ya el segundo el gobierno cerró la entrada al puerto. Ese mismo día el capitán anunció que el viaje iba a cambiar de destino final: en vez de Shangai, la última parada sería Tokio. “Pero cuando quisimos tocar la primera islita de Japón”, explicó, “nos dijeron que de ninguna manera, que no aceptaban que el barco bajara en ninguno de los puertos. En ese momento nos avisaron que tampoco íbamos a poder bajar en Corea, que era otro de los lugares predestinados, así que tuve que ponerme a organizar de nuevo mi viaje de vuelta”.

En esa instancia el viaje comenzó a retroceder. Volvieron sobre sus pasos y probaron suerte en Vietnam, pero fueron rechazados, y lo mismo sucedió en Bangkok. “Se nos paró al lado una torpedera, y se ve que estuvieron negociando con el capitán, pero no nos aceptaron y seguimos viaje”, narró Eduardo.

Recién en Camboya pudieron tocar tierra. Fueron recibidos por el primer ministro, con un operativo que contó con helicópteros, el ejército y la policía. Bajaban de a ciento cincuenta personas, y según se creía, eran los pasajeros que debían volver a América: estadounidenses, brasileros y argentinos. “No sabés lo que era el despliegue de seguridad. Nos recibió el primer ministro, nos dio la mano y nos regaló una rosa”.

La vuelta fue larga. Desde Camboya viajaron primero en micro hasta el aeropuerto de cabotaje, y después en un vuelo charter hasta el internacional. “Ahí estuvimos un rato. Había gente de las embajadas de Estados Unidos, España, Australia e Inglaterra, esperando a los pasajeros de sus países para chequearlos, aunque no sé bien qué habrán hecho. A nosotros, obviamente, nadie nos controló”, confiesa.

Finalmente, viajaron a Buenos Aires con una escala previa en San Pablo. En Ezeiza los esperaron sus hijos, y ese mismo día festejaron en familia el cumpleaños de una de las nueras del matrimonio. “Éramos el foco de atención. Nos pasamos todo el cumpleaños contando las anécdotas del viaje. Después volvimos a mi casa y pasamos la noche del sábado, todo el domingo en familia y el lunes también. El martes se terminaron las vacaciones y con mi mujer volvimos a trabajar”, describe Eduardo.

Ese mismo martes, cuatro días después de arribar al país, Eduardo y Diana recibieron un llamado oficial de la Subsecretaría de Salud de la Municipalidad de La Plata para comunicarles que debían mantenerse aislados. “Concomitante”, explica Eduardo, “gente del Ministerio de la Provincia mandó dos audios al hospital donde yo estoy jubilado hace dos años, para decirles que había roto el aislamiento, cosa que era mentira, porque desde que me pidieron que me aísle estamos encerrados en casa con mi mujer”.

Desde entonces, y hasta el jueves 27, permanecerán en su casa de La Plata aislados para prevenir un supuesto contagio. Según Eduardo, “el lío empezó en Malasia, porque una señora aparentemente tuvo un síntoma y le dijeron que tenía el virus. Fue un positivo raro. Tenía 80 años, si hubiese estado infectada el virus le hubiera hecho un desastre”, contó.

El médico platense sostuvo que la experiencia no fue angustiante, que todos acataban las órdenes del capitán y que si los 1500 pasajeros hubiesen sido argentinos, “hubiésemos quemado gomas y organizado piquetes”.

Como recompensa, la empresa ofreció champagne todas las noches, invitó el Internet que habían pagado los pasajeros, les devolvió a todos el costo del pasaje y les regaló otro crucero a cada uno de los viajeros.

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