Chino Maidana: la gloria en “El Alamo” y la amnesia del último roundDeportes 

Chino Maidana: la gloria en “El Alamo” y la amnesia del último round


El santafesino venció con nitidez, pero el estadounidense lo tuvo al borde del KO en el penúltimo round. Fuente: AFP

El triunfo más resonante de la carrera del santafesino

Marcos “Chino” Maidana

se registró en la tierra brava de San Antonio, corazón de Texas, el 14 de diciembre de 2013. Constituye una pieza valiosísima en el arcón de los recuerdos del pugilismo nacional y aún reserva algunos matices apasionantes.

Poco le importó por entonces al peleador de Margarita estar hospedado a escasos metros de las ruinas de El Álamo. ¿Qué tenía de particular la histórica misión española? Un valor célebre en la cruenta venganza de un batallón de sobrevivientes mexicanos contra colonos del lugar que habían masacrado a más de un centenar de sus compatriotas en una dantesca batalla anterior por la reconquista de este sitio en 1836.

Maidana, con 30 años, aspiraba a ser bicampeón mundial y sumar la corona welter de la AMB a su historial de 34 victorias y 3 derrotas. Quería destronar al estadounidense

Adrien Broner

y ser idolatrado en todo México. Sobre todo ahí, en México. El “Chino” se sentía como uno de allí: era admirado por mayas, aztecas y los rancheros texanos. Memorizó al pie de la letra tres frases que le dieron un gran resultado con el público:

“la raza”, “la chingada” y “los pend…”.

Broner, invicto en 29 cotejos y tricampeón mundial entre los 58,900 y los 66,678 kilos, creía ser el nuevo

Floyd Mayweather.

Y suponía ser mejor que él. Decoraba su vestimenta con mucho oro, pero todo le quedaba mal. Era vulgar, desagradable, poco angelado y despreciado por la mayoría de la gente. Sobre todo por sus hermanos de raza, los negros, desde los más ricos hasta los más pobres.

Eran los tiempos del endiosamiento a

Manu Ginóbili

en todo San Antonio. El genio de Spurs desparramaba respeto, admiración y fascinación en todas partes de la ciudad. Este cronista comparó, esa vez, la idolatría pasional, sanguínea y desordenada desatada por

Diego Maradona

en el sur de Italia con este suceso ilimitado que Manu había gestado en todo Estados Unidos con base en orden, récords y disciplina. Y allí radicaba la gran diferencia entre los dominios territoriales del bahiense y “El Diez”. En los métodos y en la geografía.

La investidura de Ginóbili implicaba una garantía de legitimidad para Maidana en cada baldosa del territorio texano. Sin embargo, sus tareas basquetbolísticas preparatorias frustraron la asistencia de Manu al combate. Y el “Chino” lo sintió.

El Alamodome es un estadio imponente. Habilitaron una mitad de su capacidad (65.000 espectadores) y algo más de 10.000 personas presenciaron la velada. Impactó ver como los vecinos del lugar no tenían problemas en desajustar sus cartucheras autorizadas depositando indiferentemente sus revólveres en las cajas de seguridad antes de tomar lugar en el ring-side. Allí, donde San Antonio Spurs fue local hasta 2002 y donde el gran

Julio César Chávez

vaciló al empatar con Pernell Whitaker ante 58.991 aficionados en 1993.

Los mejores pasajes del combate

Maidana no era favorito, pero pasó por encima a Broner en casi todo el match. Humilló al “villano” que siempre se burló de los débiles oponentes, derribándolo en el segundo y el octavo rounds. Acumuló la rabia revanchista de todos los obreros del ring despreciados por Broner con su estilo sobrador y hasta tuvo tiempo para pensar, en plena contienda, en un futuro desafío a Mayweather. Hecho que ocurriría cinco meses después.

Sin embargo, algo inesperado sucedió en el instante en que sonó el gong final del round 11. Un golpe certero del norteamericano conmovió al argentino, que llegó mal a su rincón. Sentido. Disimuló con su oficio y su guapeza aquel pasaje dramático. La fábula del boxeo abrirá la puerta a los fantasmas; desde un trabajo colosal de sus entrenadores para recuperarlo hasta una toalla con perfumes mágicos de su preparador físico Alex Ariza. Y mil corrillos más. Pero con su corazón de campeón, el “Chino” salió a boxear y guapeó como pudo en el último capítulo, quizás el único que perdió con claridad.

Todo el oeste estadounidense festejó su holgada y unánime victoria por puntos. Su nueva consagración. Allí parecían agotarse los suspensos, pero en los vestuarios, después de la ducha y a un paso de brindarse a la prensa, con algunas dudas, Maidana preguntó a su patrocinador, Hugo Basilotta (Kid Alfajor), con qué mano había noqueado a Broner. Su médico, Roger Anderson, avizoró tal alteración, tomándolo de los hombros e invitándolo a posponer las entrevistas con los críticos. A la media hora, sonriendo y consciente del proceso amnésico vivido, el “Chino” se puso en pose y, nervioso, respondió a cada una de las preguntas.

Aquel golpe agónico de Broner duró bastante en el cuerpo de Maidana, que recién lo excretó a la hora de dormir, casi al amanecer. Concibió entonces, por primera vez, haber sido el gran protagonista de esa noche. Se sintió majestuoso como

John Wayne

recorriendo El Álamo, de punta a punta y sacando pecho… en una película inolvidable.

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