La Amenaza Fantasma: la película más odiada de Star Wars cumple 21 añosEspectáculos 

La Amenaza Fantasma: la película más odiada de Star Wars cumple 21 años

Dicen que cualquiera puede volver de un fracaso, pero solo un genio puede volver de un éxito. El peso simbólico de esta máxima cayó con toda su fuerza sobre las precuelas de Star Wars, la esperadísima trilogía de George Lucas que debía vivir a la altura de su propio legado. Dieciséis años habían pasado cuando Episodio I finalmente llegó a los cines, después de aquel Episodio VI que dejó latente la promesa de una historia de origen para los queridos héroes y heroínas de la saga.

A una década de los festejos en el Bosque de Endor, Lucas decidió y anunció oficialmente que era hora de contar la génesis de su epopeya intergaláctica, aquella elidida primera parte que había dejado a sus fans en ascuas durante tanto tiempo. A esa altura, el culto alrededor de Star Wars ya alcanzaba el estatus de mito, con una generación entera prendada de la leyenda y otra que heredaba ese amor original, transmitido por sus progenitores o por algún afán nostálgico, en una época en la que el acceso a internet todavía era escaso.

El personaje más querido junto al más odiado

En retrospectiva, Star Wars: Episodio I – La Amenaza Fantasma (Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999) fue juzgada con mucha más severidad que cualquier otro tanque de la época en base a las expectativas desproporcionadas de sus fans, y de la crítica especializada que había crecido a la par del nacimiento del blockbuster moderno, pergeñado por el mismísimo George Lucas y su colega y amigo Steven Spielberg. Pero hoy, más de dos décadas después, legiones de fans reivindican la visión del padre de Star Wars.

El concepto de los midiclorianos para explicar el origen de la Fuerza, el uso y abuso de efectos digitales en oposición a los efectos prácticos de la trilogía original, la actuación del joven Anakin Skywalker, los diálogos básicos y la aparición del problemático Jar Jar Binks, entre otras cuestiones, fueron algunos de los elementos más criticados de esta precuela. En el momento de su estreno, cuando todavía las redes sociales no se habían convertido en la cloaca donde los fans descargan su ira, las frustraciones fueron canalizadas a través de las críticas en medios especializados, foros e incluso reuniones y eventos de fans.

La carrera del pequeño Jake Lloyd no llegó a despegar después de interpretar al joven Anakin

La historia de origen de Darth Vader y el clan Skywalker se convirtió para muchos en una decepción de proporciones tan épicas como las expectativas generadas, y con el paso del tiempo la emoción inicial dio lugar a incontables quejas que se potenciaron eventualmente con el acceso a internet. Pero para muchos otros, el estreno de Episodio 1 aquel 19 de mayo de 1999 significó la puerta de acceso a la saga, y quedó en la memoria colectiva de una generación de fans como el evento cinematográfico que los conectó con esa historia más grande que la vida.

De cualquier manera, los defectos de Episodio I hoy son prácticamente anecdóticos y -entre las miles de reseñas negativas que cosechó en el momento de su estreno- actualmente se rescatan y reivindican aspectos innovadores a nivel de técnica que fueron -una vez más- rupturistas para la época, marcando un antes y un después en la forma de hacer cine comercial, tal como lo había hecho la trilogía original allá por las décadas del setenta y el ochenta.

Hay una sensación de descubrimiento escena tras escena. Ya que prueba nuevos efectos e ideas, e integra a la perfección personajes reales y digitales, paisajes reales y lugares imaginarios.

El célebre crítico de cine Roger Ebert profetizó en ese momento (con conocimiento de causa, por supuesto) que la primera película de esta nueva trilogía representaba el umbral de una nueva era para el cine épico. Una en que los presupuestos ya no limitarían el alcance de las escenas, sino que los cineastas podrían mostrarnos todo lo que estuviera al alcance de su imaginación, gracias al uso de las técnicas digitales. Las palabras de Ebert envejecieron tan bien como si las hubiera pronunciado en 1977, de cara a la revolución técnica que representó Episodio IV – Una Nueva Esperanza (A New Hope).

La carrera de los pod racers fue una de las pocas escenas que supo amalgamar bien el uso del CGI con el espíritu de Star Wars

Por otro lado, a nivel de la narrativa, solo hace falta remitirnos a las palabras de Dave Filoni, estrecho colaborador de George Lucas y creador de las series animadas de Star Wars. Las más recientes declaraciones de Filoni se emitieron apenas una semana atrás en el segundo episodio de Disney Gallery: The Mandalorian, donde el director habla apasionadamente sobre la relevancia de los sucesos de Episodio I en el devenir de la historia, haciendo hincapié en los valores familiares que transmite la saga. 

Qui-Gon pelea porque sabe que él es la figura paterna que Anakin necesita (…) y por eso es el Duelo de los Destinos, porque se decide el destino de este chico. Y dependiendo de cómo resulte esta pelea, su vida será dramáticamente diferente.

De esta manera, Filoni entiende que el destino de la galaxia entera se decide en este momento, que determina el principio de la transformación de Anakin en Darth Vader. La escena de Duel of the Fates, acompañada por la épica música compuesta por el maestro John Williams, es reconocida desde siempre por los fans como uno de los mejores momentos de la película. Sin embargo, el monólogo de Filoni reivindicando las precuelas tomó por sorpresa al fandom, que históricamente defenestra esta trilogía.




La mayoría de las reseñas publicadas al momento de su estreno, acusaban en forma unánime a Episodio I de carecer de espíritu, como si toda la película se tratara de un ejercicio mecánico y un despliegue de técnica sin alma por parte de su creador. Le echaban en cara el presupuesto de $115 millones de dólares contra los $10 millones que había costado Episodio IV, la dirección de Irvin Kershner y Richard Marquand contra la del propio George Lucas (que había estado veinte años sin ejercer), y el exceso en el uso de los efectos digitales como pilar para contar la nueva historia.

También se acusó a Episodio I del peor pecado que puede cometer una película dedicada a entretener a toda la familia: ser aburrida. Los discursos políticos, debates sobre impuestos y disputas sobre el comercio intergaláctico perdieron la atención de una gran parte de la audiencia que solo quería conocer más sobre la historia y el mundo interno de sus personajes preferidos, ver a los Caballeros Jedi en todo su esplendor, presenciar épicos duelos de sables láser y disfrutar los diseños de nuevas criaturas y naves, mientras se ampliaba el universo que apenas asomaba y prometía inconmensurable vastedad en la trilogía original.




Pero incluso antes de que la película llegara a las salas, ya se había convertido en un fenómeno cultural digno del legado de Star Wars. Cuando estrenó el primer trailer en 1998, la gente acampaba fuera del cine y pagaba la entrada solo para verlo, hasta que algún fan lo filtró a la usanza de la vieja escuela y el mismo George Lucas tuvo que liberarlo en su página oficial. Para el estreno de Episodio I, fans del Reino Unido volaron del otro lado del charco solo para ver la película dos meses antes, ya que recién estrenaba en Europa el 16 de julio.

Los cines tuvieron que tomar medidas para evitar la reventa de entradas a precios desorbitantes, y a medida que se acercaba la fecha, los fans volvieron a acampar en la puerta de los cines, tal como había pasado cuando estrenaron las películas de la trilogía original. Comercialmente, la película fue el éxito que tanto George Lucas como Hasbro y el resto de los auspiciantes habían previsto. Además de su recaudación en taquilla, se facturaron más de mil millones de dólares en venta de merchandising y publicidad.

Los fans esperando ilusionados en fila para el estreno de Episodio I

Esto solo alimentó el cinismo en la recepción de la película y las acusaciones que la tildaban de gran estrategia publicitaria en detrimento de su calidad artística. La oleada de críticas negativas llegó a repercutir incluso en las vidas personales de sus actores, al punto de que Ahmed Best (quien interpretó a Jar Jar Binks) declaró que llegó al límite de considerar terminar con su vida y Jake Lloyd (el pequeño Anakin Skywalker) habló de un “infierno viviente” y terminó con su incipiente carrera en la actuación.

La Amenaza Fantasma es una de mis películas favoritas y Jar Jar es mi personaje preferido. Fue muy muy difícil.

Estas fueron las palabras del mismísimo George Lucas en un panel por el 20° aniversario del lanzamiento de Episodio I el año pasado, en la Star Wars Celebration de Chicago. El creador sigue defendiendo su visión, con un toque de humor incluido, a pesar de las negativas reacciones de los fans. Y en los últimos años, la aparición de las secuelas de Disney llevó a una especie de revisión histórica que reivindica la arriesgada apuesta de Lucas, que se jugó todo en el afán de contar el origen de la mítica saga.

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