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“El boxeo me salvó”

Pionero. Nacido en Villa Dolores y formado en Mendoza, Ramón Balbino Soria fue campeón en las categorías mosca y gallo.n título mundial de boxeo. Foto: CEDOC PERFIL

Ramón Balbino Soria (65) es el primer cordobés que peleó por un título mundial de boxeo. El pasado 14 de abril se cumplieron 40 años de su combate con el venezolano Rafael “Pantoño” Oronó, por el cinturón supermosca del CMB, en el Nuevo Circo de Caracas.

“Esperaba la pelea con Peter Mathebula, el sudafricano al que Laciar le quitó el título mosca, pero se demoraba. En ese momento me ofrecieron enfrentar a Oronó y agarré viaje. Era un boxeador muy alto y muy hábil con sus piernas. Terminé de pie y perdí por puntos en 15 rounds”, recuerda el dolorense.

“Fue algo muy lindo haber llegado a disputar un campeonato del mundo. No cualquiera lo lograba en aquella época”, dice Soria, que completó una campaña de 103 combates profesionales entre 1975 y 1987.

En ese lapso fue monarca argentino y sudamericano de la categoría mosca y titular nacional de peso gallo, y enfrentó dos veces a Santos Benigno Laciar, a quien primero le empató y luego le quitó el invicto en 1978. “Con `Falucho’ somos muy amigos, ¿sabe? Eran otros tiempos del boxeo. Arriba del ring se peleaba y abajo se hacía amistad”, completa.

Del boxeo al fútbol

Tras aquel fallido intento de hace cuatro décadas en la más famosa plaza de toros de la capital venezolana, Soria realizó otras 57 presentaciones en el campo rentado, aunque nunca volvió a tener otra chance ecuménica. “Me mantuve siempre en el ranking mundial, pero peleaban otros y yo no. ‘Tito’ Lectoure fue muy bueno conmigo y me programó mucho en el Luna Park, pero no me soltó más para afuera. Jamás le pregunté el motivo”, señala.



“Ya había logrado todo”, sostiene el expúgil de Villa Dolores sobre su decisión de colgar los guantes a los 32 años, justo dos décadas después de haberse radicado en Mendoza. Desde entonces, el silbato y las tarjetas serían los elementos que lo acompañarían en el mundo del deporte: “Hice el curso de árbitro de fútbol y dirigí casi 25 años en la Liga Mendocina, primero como juez de línea y después como referí”.

De aquella experiencia refiere: “Mi objetivo siempre fue hacer docencia. Hay muchos jóvenes con problemas familiares y hay que contenerlos a través del deporte. Cuando tenía que expulsar a alguno, le hacía una nota cortita (informe) para que no le dieran más de una fecha de suspensión y pudiera jugar pronto”. 

“El fútbol me gustó, pero al boxeo no lo cambio por nada”, sentencia el cordobés, que añora aquella época dorada del pugilismo, en la que –según dice – los entrenamientos eran peleas. “Es un deporte muy lindo, muy sano, pero ahora está mal. Hoy con poquito ya estás peleando por un título… Y con todo esto del coronavirus, va a costar mucho levantarlo”, analiza.

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Trabajador esencial

Este tiempo de pandemia encuentra a Soria “al pie del cañón” como trabajador de la salud en el Hospital Humberto Notti de Guaymallén. “Empecé como camillero, terminé el secundario y me puse a estudiar para técnico eviscerador. Hago autopsias”, comenta.

“Me tendría que haber jubilado el año pasado, pero me dicen que no hay gente preparada para que me reemplace. Con esto que está pasando, me han dado más ganas de irme”, señala. “Por suerte aquí no se han dado casos de Covid-19, pero estamos tomando todas las precauciones. En Chile ha crecido mucho y hay que tener cuidado, porque nosotros estamos muy cerquita”, completa.

Soria –que está casado con Silvia y tiene cuatro hijos (Cinthya, Rodrigo, Cristian y Brisa) y cinco nietos- también hace tareas en el área de Deportes y Recreación del municipio guaymallino y colabora con el gimnasio del ex campeón mundial Pablo Chacón. Allí recuerda los tiempos en los que se entrenaba bajo la batuta del maestro Francisco “Paco” Bermúdez, mentor de glorias como Nicolino Locche y el villamariense Gustavo Ballas.

“El boxeo me salvó”, repite varias veces durante la entrevista con PERFIL CORDOBA. “Yo he sido muy pobre, ¿sabe? Vendí diarios, lustré botas, golpeé puertas pidiendo… la pasé muy mal. A los 12 años me vine a Mendoza y empecé a trabajar en la cosecha y en la construcción, y eso no es para cualquiera”, explica. Y concluye: “Tuve la virtud de rodearme de buena gente y con el dinero que gané arriba del ring puede comprarme cuatro casas y un local comercial. Hoy vivo bien, contento, tranquilo y con salud. Afortunadamente, todavía no sé lo que es tomar un remedio”.


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