“Los cocineros somos artesanos”Espectáculos 

“Los cocineros somos artesanos”

Oportunidad. El famoso chef va a generar cursos en línea. Foto: gza. prensa kuarzo / telefe / cedoc

En estos tiempos de streaming ni los cocineros se salvan. Es por eso que durante dos martes (18 y 25) y dos miércoles (19 y 26) a las 19 se podrá entrar a la cocina de Christophe Krywonis para conocer sus secretos en directo. Comprando tres clases (cada una cuesta $ 450) de Academia de cocina, la cuarta es gratis. La propuesta busca que los espectadores puedan preguntarle en vivo a uno de los más conocidos chefs de la televisión nacional.

Las clases tienen temas bien diferentes y durarán noventa minutos. Se inicia con Caldos… “la esencia de todas las sopas y guisos”. Continuará con: Pescados y mariscos –“no todo el pescado es hervido, ni todas las rabas son fritas”; Terrina de campo y pickles caseros para finalizar con lo dulce: Tarta de manzana y Tarta Tatin, “una fruta en dos versiones clásicas”. Asegura: “El enseñar a cocinar es un mundo muy amplio”.

—¿Cómo surgió la idea?

—Nació por la cuarentena. Empecé a hacer unos vivos desde mi casa, sin tecnología, a pulmón. Algo muy básico, primero celular, más tarde pasé a la computadora. Después de charlar empecé a cocinar, la gente no me había visto nunca hacerlo. Soy más jurado de reality que cocinero: me hacía falta cocinar. Un día hablando con la gente de Kuarzo decidimos este proyecto. Ahora tendré producción de calidad, camarógrafos, respetando siempre las distancias y el protocolo. La idea es hacer recetas e interactuar.

—¿Y los cuatro temas?

—Hay muchísimo más para hacer. Seguramente esto es un principio. Por ejemplo, los caldos son la base de las salsas. Hay mil cosas más. Si lo acepta la gente, seguiremos. Es un emprendimiento nuevo.

—Como jurado siempre confesaste que te inclinabas más por lo salado que por lo dulce…

—Necesito de los dos, si no termino una comida con un postre no estoy contento. Si soy anfitrión pienso muy bien qué pondré para finalizar. Pero sí me inclino más por las comidas saladas.

—¿Por qué asociamos la comida francesa con el sabor agridulce?

—Es cierto, pero es un error. Lo agridulce en Francia se ve en las salsas, que se hacen en base a frutas. Los viajes, las conquistas y las invasiones hicieron que todo aporte a la comida francesa.

—¿Hay diferencia entre los alumnos por las edades?

—Totalmente, cuando fui jurado en MasterChef Junior (2015) observé cómo se adaptaban y seguían las reglas del maestro. Los niños están más aptos para aprender. Son como una esponja. No se estresan. Se aplican. El adulto es más cerrado, tenemos preconceptos y humores. Son mundos diferentes.

—¿Tiene relación la cocina francesa con la argentina?

—Argentina forma parte del nuevo mundo y construyó su cocina con las culturas de los inmigrantes como los italianos y españoles. También fueron sumándose la japonesa, la alemana y la de los países escandinavos. Creo que en el siglo XIX fue muy fuerte el vínculo con Francia. Por ejemplo, en muchas ciudades argentinas hacen muy bien el aligot, que es el puré de papa con queso. Se utiliza originalmente el Cantal, pero se puede usar uno fresco buenísimo como el de Tafí del Valle. Descubrí hace poco que aquí había un plato supuestamente francés –las costillas de cordero a la Villeroy– porque tiene salsa blanca o bechamel.

—El arte culinario es efímero… como la actuación…

—Efectivamente, sobre todo para los que trabajan en el teatro. Somos artesanos. Mis colegas saltan cuando digo que lo nuestro dura cinco minutos. En las clases veremos las recetas y los trucos. La idea es que la gente me pregunte. Quiero interactuar con el público.

Los ingredientes de Krywonis

Nació en Blois, ciudad francesa con un castillo del siglo XII y se radicó primero en Mendoza. “Me encontré con una tierra muy generosa –asegura Christophe Krywonis– con afectos que me hicieron instalarme allí. Sigo vinculado con esa provincia, con muchos amigos desde hace más de treinta años. Hice vínculos con los bodegueros y tengo una amiga con un hotel de campo. De Mendoza me fui a Punta del Este a trabajar,  volví a Francia hasta que decidí radicarme en Buenos Aires”.

Fue su abuela materna quien lo introdujo en la cocina: “Fui asistente encubierto –recuerda– me escondía debajo de la mesa y comía todo… Ella murió cuando yo tenía 11 años. Estoy muy abierto a la cultura extranjera. Pienso que el cocinero debe conocer otros sabores”.

Dobló un pequeño personaje en film Ratatouille. “Fue una gran sorpresa, un papel muy chiquito. Estuve en ese mundo del doblaje tan perfeccionista. Todavía no me convocaron para actuar. No lo descarto. Aunque no sería capaz de sumarme a esos programas de ’Bailando’ o ‘Cantando’… porque no sabría hacerlo y no soy tan desinhibido, ni desprejuiciado. Tengo mucho pudor. No tengo vocación de actor. Mi pasión es la cocina. Mi paso por la televisión como jurado es único e irrepetible. 

Trato de preservar mi integridad, por eso quiero ser honesto con mis juicios”, finaliza el chef.


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