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Eclipse solar 2020: música en vivo, DJs, abrigo y baile para disfrutar el fenómeno en Bariloche

Eclipse solar 2020: música en vivo, DJs, abrigo y baile para disfrutar el fenómeno en Bariloche

La propuesta sonaba insuperable: ser testigo de un eclipse solar como no se volverá a repetir hasta 2048 desde uno de los mejores puntos de observación del fenómeno, en medio de una celebración comunitaria y artística alejada de los carriles del mainstream.

Las presunciones más arriesgadas hablaron de unas 100 mil personas movilizándose por la Patagonia para ver cómo, poco después del mediodía de este lunes 14, la luna se interpondría entre el sol y la tierra oscureciéndolo todo por un par de minutos. Toda una movida.

En Bariloche, el programa para ciudad incluía al Cerro Campanario como uno de los cinco escenarios del Festival Aurora Eclipse -también a Las Grutas, Villa Carlos Paz, Mendoza y Buenos Aires. A ellos, se agregaba una locación “secreta”, a unos 240 kilómetros, camino a Junín de los Andes.

Las amenazas de mal tiempo quedaron en el olvido, y el cielo conspiró para que el eclipse pudiera ser disfrutado en su mejor versión. /Foto Gentileza Prensa

Ahí, con Junín como centro urbano más cercano, estaba planeado que se llevara a cabo el Global Eclipse, un festival que va persiguiendo estos fenómenos por el mundo con una puesta artística multidisciplinaria. Pero la pandemia obligó a que fuera reformulado al formato de un camping con workshops y charlas, también con el Aurora Eclipse como uno de sus protagonistas.

Nada podía ir mal. Excepto por los partes meteorológicos. Si llueve, hay nubes; si hay nubes, no se ve el sol; si no se ve el sol, el eclipse deja de tener gracia. Y los pronósticos desalentaban cualquier atisbo de optimismo.

Sin embargo, los caprichos del viento jugaron su parte, y en esos contrastes que combinaron lluvia y sol durante buena parte de la jornada, la medianoche se mostró con un cielo estrellado que permitía soñar un mañana mejor. Un sueño que el repiqueteo de la lluvia de lunes 3 AM comenzó a desmoronar de manera inapelable.

El grupo de percusión La Nube fue el encargado de musicalizar el momento más esperado. /Foto Gentileza Prensa

Llovido sobre mojado cuando, a las 8 en punto, una nube eterna hizo desaparecer hasta los picos más bajos que rodean a la ciudad. Una vez más, con el viento jugando en contra de cualquier esperanza de un cielo mejor. De ahí en más, una tensa espera y la vista al cielo, de tanto en tanto, en busca de algún destello de sol. 

La búsqueda resultaba infructuosa. Por eso, a las 8 de la mañana de este lunes 14 de diciembre, el título de este texto estaba destinado a ser “Crónica de una frustración: el eclipse que no vi”.

Pero parece que finalmente tiene algo de cierto eso de que cuando se alinean los planetas -o en este caso un planeta, un satélite y una estrella– las cosas suceden como uno desea. Y al fin de cuentas, de eso se trata un eclipse: de que el sol, la luna y la tierra se pongan en línea.

Entonces, el ascenso al Cerro Campanario, una experiencia en sí misma que deja atrás la magnificencia del Nahuel Huapi para recuperar su vista desde una perspectiva de lujo, tuvo como techo un azul que un par de horas antes no podía ser más que una utopía.

A dos puntas; el publico se repartió entre la observación del fenómeno y lo que sucedía sobre el escenario. /Foto Gentileza Prensa

Ahora, ya ubicados en ese inmenso balcón al lago insignia del la región, pero también al Perito Moreno, a la Laguna El Trébol y los demás espejos de agua que lo rodean, el viento parece querer llevárselo todo -de hecho, durante el domingo obligó a relocalizar el escenario-, pero el sol ayuda a sobrellevarlo.

Y ese mismo sol, de a poco comienza a ser “cubierto” por la luna. Está sucediendo, y los estamos viendo. Algunos, equipados profesionalmente; otros, con esos anteojos que se parecen a los que se usan para a atmósfera “house” a la espera, que algunos bailan tímidamente.

A las 12.50, el inicio del set de La Nube Percusión, una agrupación que lleva siete años poniéndole ritmo a la ciudad, cambia la escena. Los sonidos orgánicos, conectados con la tierra, sintonizan sin filtros con el clima que envuelve este espacio, mientras el cielo ahora sí comienza a oscurecerse. La mayoría de las cabezas volcadas hacia atrás y las miradas en vertical muestran un paisaje extraño, que los tambores parecen respetar bajando su excitación, aunque no la intensidad.

Es verdad que no se hace de noche en pleno día, pero también lo es que la luminosidad decae sensiblemente y todo conjuga a favor de un momento que todos parecen coincidir acá en registrar como único. “Parece la figura de yin y el yang”, dice alguien. “Es un hecho especial”, señalan más acá. La música se integra al paisaje, y comienza a tomar otro color cuando la luna empieza a “correrse del medio”.

Mariano Mellino en plena faena, con un fondo de cabina de lujo. /Foto Gentileza Prensa

En el bar del cerro, alguien socializa su decepción por no haber satisfecho su expectativa. El hombre suponía que se nos vendría la noche. No fue así; en cambio sí fue un crepúsculo. Cuestión de porcentajes de oscurecimiento. Javito, director de La Nube, en cambio asegura que mientras tocaban y la luz se apagaba, algo distinto ocurrió con la energía que fluía entre músicos y observadores.

El fin de la fase más visible del fenómeno coincide con el cambio de guardia en la música, que ahora vuelve al beat electrónico de la mano de DJ Mariano Mellino y lo que hace un rato era escenario y observatorio ahora se convierte en una pista de baile.

Después, seguirán Nico Cano, Muveo Live, Nicolás Navarro y Biotech Patagonia. Lentamente, el cerro Campanario recupera su dinámica habitual. Pasarán 28 años hasta que la experiencia se repita. Unos pocos minutos que bien valen la pena la espera. Aunque más no sea para decir: “Yo vi a la luna tapar el sol”.

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E.S.

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