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Coronavirus en la Argentina: El freno en la baja de casos encendió las alarmas

Coronavirus en la Argentina: El freno en la baja de casos encendió las alarmas

La cantidad de contagios detectados en el área metropolitana de Buenos Aires dejó de bajar y, a la vez, subieron las consultas telefónicas por síntomas tanto al número de la Ciudad como al del Gran Buenos Aires Crédito: Tomás Cuesta

El freno en la baja de casos de Covid-19 encendió las alarmas. Después de eventos multitudinarios, como el velatorio de Diego Maradona o la salida por el fin de semana largo que terminó el 8 de diciembre, la cantidad de contagios detectados en el área metropolitana de Buenos Aires dejó de bajar y, a la vez, subieron las consultas telefónicas por síntomas tanto al número de la Ciudad (107) como al del Gran Buenos Aires (148). Aunque es muy difícil, o acaso imposible, adjudicar directamente este freno a algunos de esos dos hechos, o a otras manifestaciones callejeras, sí conforman junto con el hastío generalizado respecto de las medidas de precaución y la difusión de la inminencia de las vacunas un cóctel que preocupa a las autoridades sanitarias y reduce la esperanza de un respiro para el personal de salud gracias al verano.

“La estabilización es un cambio de tendencia”, se lamentó el ministro de salud de la Ciudad, Fernán Quirós, respecto de la continuidad en la detección de unos 300 casos diarios desde hace siete a diez días, lo que detuvo la baja después del pico de 1300 casos diarios en septiembre. “Hay indicadores preocupantes”, dijo en conferencia de prensa, por su parte, su colega de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, que adjudicó al “relajamiento generalizado” el aumento detectado en los números.

A nivel nacional, el máximo de casos registrados en un día fue de 16.232 casos, y ocurrió el 13 de octubre pasado. Ayer, fueron 5062 casos.

“Nos preocupan los movimientos internos, más que las migraciones de otros países”, dijo por su parte Ginés González García, ministro de salud de la Nación en el mismo encuentro. El hecho de que los funcionarios vieron la necesidad de una conferencia conjunta ya es una señal de que algo podría empeorar en la situación epidemiológica argentina antes de que se empiece a desplegar la vacuna.

Es lo que también ven y temen los expertos consultados por este diario, que además sostienen que no se trata de una segunda ola (que llegará quizá al finalizar el verano) sino de un rebote, que por ahora no se traduce por ejemplo en la ocupación de camas de terapia intensiva con Covid confirmadas, que ayer bajó a 3478 por primera vez desde fines de septiembre tras un pico de más de 5100 en noviembre.

“Estamos de nuevo con muchos casos, están volviendo a aumentar”, dijo Leda Guzzi, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología que trabaja en el Hospital Maternidad de Vicente López, que lo advierte en su trabajo cotidiano, más allá de los números globales del país, en pacientes y en compañeros del personal de salud. “Esto nos está impactando y efectivamente se ve que se amesetó el descenso del número de casos, y es algo que va de la mano con esta percepción falsa de que la pandemia ya pasó, y no es así”, contó a LA NACION.

Guzzi pidió no bajar la guardia porque la circulación comunitaria continúa en todo el país, a la vez que se lamentó porque la gente se reúne, no usa tapabocas y no respeta la distancia en lugares cerrados. “Esto condiciona que no lleguemos a la base de la montaña, sino que nos detengamos antes y quizá hasta se adelante la segunda ola. Es una pena no aprovechar el verano, porque el equipo de salud necesita ese descanso, hay una fatiga que se ve y hay demasiado cansancio por tener que aislarse, cambiarse, informar del aislamiento de pacientes a la familia, todo lo extra”, explicó.

“El miedo es qué va a pasar en las próximas semanas con las Fiestas, donde la gente se va a juntar; qué va a pasar el 10 de enero, por ejemplo”, se pregunta Rubén Motrich, inmunólogo e investigador del Conicet. Por eso pide, como lo hizo el gobierno de la provincia de Buenos Aires en un spot, que se intente no moverse mucho estos días anteriores que son críticos para contagiarse y llevar la infección al núcleo familiar.

“La transmisibilidad está estancada porque el virus es resistente y altamente contagioso, pese al efecto del buen tiempo, con más rayos ultravioletas, por ejemplo. La disminución que hubo fue por la aireación y el distanciamiento logrado por no estar adentro y encerrados, pero resulta evidente que eso tiene un límite”, dijo el también profesor de la Universidad de Córdoba.

El “efecto verano” choca contra la notable relajación en la población y la organización de fiestas con cientos de personas que se dan en todas las ciudades.“Es el contra-efecto de estar harto y de que además mucha gente cree que va a estar la vacuna mañana a la mañana, y eso no es así”, advierte Motrich.

Fiestas y vacaciones

El período de finales de diciembre, pródigo en reuniones, puede también sumar casos extra de Covid-19 y llevar el SARS-CoV-2 de esos encuentros de jóvenes a personas allegadas quizá de más riesgo. “Tratamos de generar conciencia, pero hay gente de 20 a 40 años que no puede lograr la empatía solidaria que se necesita. Por eso enfatizamos que las reuniones de las fiestas de Fin de Año sean con un número acotado de personas, no más de dos núcleos familiares”, dijo Tomás Orduna, jefe del servicio de medicina del viajero del Hospital Muñiz.

“Y que las comidas se hagan con prevención: no será la mesa clásica navideña, porque esa distancia es muy chica. Si hubiera una mesa tipo autoservicio al aire libre, hacer la reunión en patios o terrazas, mejor. Y si es imposible, o llueve, ventilar los ambientes. Revisar el números de personas, el espacio, las distancias con los demás, que haya alcohol en gel por todos lados, no compartir vasos y cubiertos. Y al conversar, que sea con barbijos”, agregó Orduna.

En tanto, Guzzi añade que quienes no tengan esa posibilidad deberían pensar en “un pícnic o usar algún parque, o tratar de ir al río, a la vereda, buscar opciones”.

“Está claro que en Europa el brote del verano se vinculó con la actividad nocturna de los jóvenes en lugares cerrados, con alcohol y uso de drogas recreativas; y vamos camino a eso”, completó.

¿Y durante cuántos meses más seguirán estas prevenciones? Sean siete, nueve o 12, son todavía muchos los meses que quedan por delante, incluso vacuna mediante. Paciencia y barbijos. Como pidió la canciller alemana Angela Merkel, el esfuerzo es para que esta no sea la última Navidad con muchos seres queridos.

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